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21 DE NOVIEMBRE - BLONDIE

U.D.O. EN CHILE 2015

La tercera es la vencida. Es la primera impresión que le queda a los fans que estuvieron presentes las dos visitas anteriores de U.D.O., el combo liderado por el incombustible Udo Dirkschneider, a estas alturas un referente incuestionable dentro del Heavy Metal durante más de 30 años a nivel planetario. Su debut en tierras nacionales se produjo en 2011 (durante la gira promocional del notable LP “Rev-Raptor”) en el Club Rock & Guitarras, un recinto que, desgraciadamente, carecía de las condiciones requeridas para un show de gran envergadura técnica y escénica, derivando en una performance accidentada, con los músicos teniendo que lidiar con ciertos personajes en estado de ebriedad que no hallaban nada mejor que arrojarles latas de cerveza. Un año después de aquel traspié, se confirma el regreso para la primera edición del extinto Metal Fest (cómo se extraña un evento de esa magnitud!), derivando en un show intenso, con un sonido potente y una puesta escénica sobria , intercalando canciones de su material reciente con los infaltables clásicos de Accept, su ex banda a la que el pequeño gigante alemán le debe lo que serían sus tres décadas en la carretera. Sin embargo, 45’ es poco tiempo en el escenario para una banda cuyo set completo dura poco más de 2 horas y se compone de material de prácticamente toda su discografía.

Los antecedentes mencionados son necesarios para darnos una idea de lo que se vendría la noche del sábado 21 de Noviembre en la discotheque Blondie, recinto que acogió a los más de mil espectadores, entre los que se podían distinguir perfectamente a tres generaciones de headbangers que crecieron con una leyenda del Heavy Metal purista como lo es Accept, y obviamente los fans que siguieron al pequeño Udo Dirkschneider en su propia banda, incluso se le puede denominar como carrera solista (razones obvias). Incluso no fue raro ver a muchos fans ya con los años marcados en el cuerpo pero con poleras de Accept, U.D.O., Judas Priest, King Diamond, etc. Un claro indicio de lo que declaró Udo a la Radio futuro hace unos días respecto al Heavy Metal: no es un género de una sola época.


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Poco después de la intro a cargo del clásico ‘(You Gotta) Fight For Your Right (To Party)’ de Beastie Boys, aparece sobre el escenario la banda compuesta por los guitarristas Andrey Smirnov y Kasperi Heikkinen, el bajista Fitty Wienhold (integrante y colaborador en las labores de producción junto a Udo desde “Solid”, trabajo editado en 1997 luego del quiebre definitivo entre del pequeño frontman alemán y sus compañeros de banda en Accept) y el baterista Sven Dirkschneider, el hijo de la leyenda alemana y dotado de una técnica tan simple como contundente. En los teclados estuvo Harrison Young, quien también contribuyó a una puesta escénica en que el espectáculo siempre estuvo a cargo de los mismos músicos. Y junto a los primeros acordes de la soberbia ‘Speeder’ (corte que abre el reciente LP titulado “Decadent”, editado a principios de este año), aparece el gran Udo Dirkschneider, el pequeño gigante alemán cuya voz permanece intacta y más poderosa que nunca a sus 63 años. Un sonido de primer nivel, permitiendo apreciar cada instrumento al detalle. Imposible describir con palabras la emoción de escuchar y ver a estos seis músicos manifestando semejante entrega sobre el escenario ante un millar de fans eufóricos ante semejante descarga de poder, al igual que en ‘Blitz Of Lightning’ (original del lejano “Faceless World”), con el público entonando el coro con el puño en alto como si fuera un himno de toda la vida. ‘King Of Mean’ mantiene la intensidad del show, denotando la capacidad de Udo para componer canciones destinadas a volverse himnos mediante esos coros que rápidamente se vuelven inmortales, tanto el material clásico como lo más reciente. También nos permite apreciar la categoría a la que pertenece esa dupla dorada conformada por Anndrey Smirnov y Kasperi Heikkinen, cada uno turnándose sus momentos de lucimiento personal, pero denotando una química que perfectamente los pone a la altura de legendarias duplas guitarreras como Murray/Smith, Tipton/Downing, Hoffman/Frank, etc., elemento que se haría notar también en la marcial ‘Decadent’ (canción que le da título a la reciente placa editada a ´principios de año). Sonido aplastante propio de una maquinaria alemana, con un Udo sencillamente pletórico.

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Luego del saludo en un correcto español por parte del pequeño gigante, se deja caer ‘Independence Day’, corte que abre aquella obra maestra titulada “Solid”, un favorito no solo para los fans de U.D.O., sino también para los fans del Heavy Metal más allá de una determinada época. El bajo perfil escénico del bajista Fitty Wienhold es compensado con una ejecución compacta, fundamental en el sonido de una banda que no ha transado su fórmula ni lo hará jamás. Una fórmula que, pese a su ‘simpleza’ motiva a oda una multitud a entonar tanto los coros como los riffs principales. Y si ‘Independence Day’ es una muestra contundente del orgullo de sentir el Heavy metal en la sangre, lo de ‘Black Widow’ es una invitación al headbanging desenfrenado, al descontrol. Heavy Metal químicamente puro y retumbando la Blondie como cañón, con el pequeño gigante teutón demostrando su vigencia a prueba de los años y las tendencias del momento, así como el ojo que tiene al momento de elegir a los músicos que lo acompañan en cada travesía. Algo que va también para el joven Sven, cuya labor como baterista es simplemente letal. ‘Never Cross My Way’ bajaría un poco las revoluciones pero permite, a la vez, apreciar un trabajo impecable en el sonido, al mismo tiempo que el pequeño Udo se despacha una interpretación que llega a sacar lágrimas de emoción. De sopetón vendría ‘They Want War’, aquel éxito perteneciente al LP debut ‘Animal House’. Un punto alto para los fans de aquellos años en que el pequeño gigante decide pavimentar su propio camino y destacar de inmediato con este corte cuya letra está claramente inspirada en la situación política y social por la que atravesó Alemania hasta la caída del Muro de Berlin, así como todo lo relacionado con la denominada ‘Guerra Fria’ entre Occidente y La Unión Soviética. Una ejecución notable, con el público robándose el protagonismo en los coros, como fue la constante durante toda la presentación. Aquella atmósfera emotiva, entonces, desemboca en el descontrol total de ‘Under Your Skin’, un corte lisa y llanamente asesino, gran mérito por parte de Sven Dirkschneider y su dominio magistral con el doble pedal. Momento tan devastador como glorioso.

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Luego de las primeras nueve descargas brutales de puro y agresivo Heavy Metal, vendría el momento emotivo que daría paso a la calma pero con un toque de melancolía suficiente como para generar una sensación de calma, como será el caso de ‘Tears of a Clown’. Con el permiso de la sutil y envolvente intro ejecutada por el tecladista Harrison Young, imposible permanecer indiferente a lo que genera la voz Udo Dirkschneider cuando se trata de canciones más lentas, baladas tan poderosas como emotivas. Muchos de nosotros que nops iniciamos cuando jóvenes con una banda del calibre de Accept teníamos la impresión de que el pequeño teutón tenía un registro que calzaba perfecto con las canciones más pesadas y rápidas, como debe ser el Heavy Metal. Pero ‘Tears of a Clown’ nos recordó también que el tipo posee un registro que, más allá de los gustos, posee una profundidad que no conoce de límites o etiquetas. Todo lo contrario: el Heavy metal también es sinónimo de sutileza, belleza y, sobretodo, pasión. Sentimiento que va más allá de los clichés propios del género. Y en ese aspecto, el pequeño gigante alemán es un catedrático, lo que ratifica con firmeza en la siguiente ‘Secrets Of Paradise”. Un crack Herr Dirskschneider, no solo dentro del Heavy Metal, sino de todo el Rock.

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Luego del momento ‘romántico’, el fuego flamearía más fuerte con ‘Faceless World’, con la base rítmica compuesta por Wienhold y Dirkschneider Jr. Haciendo gala de una precisión milimétrica y proporcionando una fuerza asombroza, la que hace de cada canción un himno de batalla, mientras que ‘Pain’ retoma la comunión entre el sexteto y los fans que se roban el protagonismo en los coros. La recta final del set regular empieza con todo el peso de ‘Untouchable’, el último repaso a “Decadent”, con las guitarras de Smirnov y Heikkinen complementando el muro impenetrable que también construyen la batería y el bajo, mientras el pequeño gigante alemán asume su papel como protagonista mediante un desempeño en escena potente, incluso magnetizante para los más de mil fans ya rendidos ante todo ese despliegue de energía descomunal. Continua el tramo final con ‘Animal House’, el track que le da titulo al notable debut de 1987, con el público dándolo todo en los coros. Para cerrar el set, una versión impecable de ‘Metal Machine’, con el público haciendo suyo un himno que claramente refleja el poder colosal y atronador del Heavy Metal más allá de la música.

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A continuación, y luego de una magistral versión en piano de “Para Elisa” (Ludwig Van Beethoven hacía Rock antes de que se llamara así, que nadie lo discuta!) por parte del carismático Harrison Young, empieza la parte final dedicada exclusivamente a repasar los éxitos de la banda que catapultó el nombre de Udo Dirkschneider hacia el Olimpo del Metal, partiendo con la aplastante ‘Metal Heart’, con el público coreando el solo de guitarra que emulaba claramente a la pieza musical de Beethoven mencionada. Luego sería el turno de ‘I’m a Rebel’, una Declaración de Principios cantada por todo el público, un auténtico himno de la vida. ‘Princess Of The Dawn’ marcaría lo que fue el eterno feedback entre la banda y los fans que cantaban cada nota de la guitarra, cada riff. El final llegaría con la violencia extrema de ‘Fast As A Shark’, con los fans formando el moshpit de la noche. Y, para rematar, un himno que ni siquiera necesita presentación: ‘Balls To The Wall’. Broche de oro para dos horas del mejor Heavy Metal que pueda ser ejecutado y sentido.

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En resumen, un show redondo de principio a fin. Un sonido impecable que dio cuenta de un perfeccionismo propio de los grandes, el cual es vital para mantener una fórmula durante más de treinta años sin perder la motivación. Porque esa es la esencia del Heavy Metal más allá de algún cliché o estereotipo. La motivación que mantiene vivo el fuego en los eternos rebeldes. Los de ayer y los de hoy. Tres generaciones que no transan sus principios por nada del mundo. Udo Dirkschneider lo sabe. El pequeño gigante teutón mantiene impecable su Corazón de Metal inoxidable.

Reseña realizada por Claudio Miranda.
Fotografías gentileza de Diego Alonso Pino.


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