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17-19 JUNIO - CLISSON, FRANCIA

HELLFEST OPEN AIR 2016

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INTRODUCCIÒN

Al igual que en la pasada edición, este año nos hemos desplazado a Nantes para cubrir uno de los festivales europeos más potentes del panorama actual, el Hellfest Open Air, que tuvo lugar en la ciudad francesa de Clisson del 17 al 19 de junio.

Para esta última edición, la decimoprimera, los organizadores habían compuesto un cartel con unos cabezas tan destacables como Black Sabbath presentando la que va a ser su última gira “The End” y Rammstein con su habitual espectáculo pirotécnico. Además, aunque el recinto era en su mayoría igual que en la edición pasada, sí que pudimos apreciar algunos cambios que han supuesto un salto de calidad en las ya amplias prestaciones del festival.

Pero empecemos por el principio. El primer día llegamos a Clisson en las ya archiconocidas “navettes” y procedimos a la retirada de pulseras y a entrar en la primera zona del festival, el Hell City Square. Como novedad este año el festival contaba con un servicio de taquillas gestionado por Lock And Rock, empresa española presente en los festivales más destacados de Europa. Además y aunque la tarjeta Cashless (la tarjeta de pago) de la edición pasada era aún valida, mucha gente se agolpaba en las casetas de compra y recarga de las mismas para adquirir la de este año que, como nueva prestación permitía ver el saldo disponible y el historial de gastos a través de la aplicación oficial.

En el sitio del bar del World of Warcraft de la pasada edición, teníamos este año una nueva zona de ambiente ciberpunk decorada con carteles de conciertos pasados y futuros y letreros luminosos como si de un suburbio futurista se tratase. Bajo el decorado había una barra de un bar, como no podía ser de otra manera y sobre la fachada de los edificios una gran foto de Lemmy Kilmister, el gran protagonista de esta edición.

Tras revisar todas las novedades nos dispusimos a esperar nuestro turno en la abarrotada entrada a la zona de conciertos -este año ha habido record de asistentes, con unos 180.000 en total, una media de 60.000 diarios-, cuya puerta es la ya tradicional “catedral”. En la cola ya se podían ver los primeros disfraces y las ganas de fiesta de la gente se hacían palpables.


VIERNES 17 DE JUNIO

Uno de los grupos más madrugadores fueron los holandeses Delain, estrenando el MainStage 1 en la presente edición. El sexteto liderado por Charlotte Wessels salió a por todas con “Suckerpunch” ante un público tímido al comienzo, quizá asustado por lo negro que lucía el cielo. Poco a poco el ambiente se fue caldeando al son de temas como “Get The Devil Out of Me”, “Army of Dolls” o “We Are The Others”. La vocalista demostró ser el alma del grupo, mostrándose muy comunicativa con la audiencia. Para terminar, el combo sinfónico se despidió con el clásico tema “Pristine”. Buena actuación del grupo, completando con éxito el siempre difícil papel de banda de apertura.

Los noruegos Audrey Horne dieron un concierto de apenas media hora que terminaron con su tema “Waiting For The Night”, durante el que Toschie se bajaba a cantar con el público para después volver a subir y dar por finalizada la actuación. En las pantallas se comunicaba a la audiencia que Tremonti, (guitarrista de Alter Brigde que actuaba en Hellfest con su proyecto en solitario) que tenía que tocar a continuación, cancelaba por motivos logísticos -concierto que tendría lugar más tarde, a la una de la mañana-, por lo que el Mainstage I quedaba desierto hasta la siguiente actuación. Aprovechamos la coyuntura para darnos una vuelta por el recinto y conseguir algo de beber con el saldo que aún nos quedaba en las tarjetas de la edición pasada.

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Volvíamos a los escenarios principales para ver a los estadounidenses Nashville Pussy que ya iban caldeando el ambiente desde las primeras horas de festival aún habiendo poco público en el recinto.

A poco más de las tres de la tarde saltaban al escenario principal los estadounidenses Halestorm. Con una impresionante Lzzy Hale en estado de gracia, el combo hard-rockero firmó un concierto de los que cuestan olvidar, intercalando hits como “Love Bites (So Do I)” con composiciones más recientes como “Amen”. La vocalista y guitarrista Lzzy Hale apareció en el escenario con una guitarra con doble mástil, y no tardó en poner al público de pie con una demostración vocal que no tiene nada que envidiar a los/as más reconocidos/as del género. “I Miss The Misery” cerró el espectáculo de los de Pennsylvania, muy agradecidos en todo momento con sus fans.

Les Bal des Enráges fueron todo un descubrimiento. La banda francesa se metió a todo el público en el bolsillo con su punk influenciado por bandas como Exploited o Sick Of It All.

Por su parte, otra banda del país, los galos Mass Hysteria supieron mover al respetable dando un concierto de los más cañeros del festival, con mosh pits, walls of death e incluso con su vocalista, Moustapha Kelai cantando dentro del abarrotado público, eso sí, rodeado por un cordón de seguridad. Concierto muy reivindicativo con dedicatoria expresa a aquellos que “quieren romper Francia”. El fin de fiesta vino de la mano de “Plus que du métal” y “Furia” con un macro wall of death y la presencia de nuevo de Kelai junto al público y haciendo crowdsurfing. Sin duda uno de los conciertos más movidos de esta jornada.

Tras ellos le tocaba el turno a todo un icono del thrash, los norteamericanos Anthrax que presentaban en Francia su último álbum “For All Kings”, del que pudimos escuchar tres temas, “You Gotta Believe”, “Evil Twin” y “Breathing Lightning”, amén de grandes clásicos como “Antisocial” o “Indians”. La banda está en un buen momento de forma y nos brindó momentos épicos como por ejemplo en el que Joey Belladona le quitaba la cámara a unos de los operarios del escenario y se ponía a grabar él mismo al público.

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A su vez en The Temple actuaban los noruegos Kampfar. Con su reciente “Profan” bajo el brazo, el grupo de black pagan se subió al escenario a demostrar que siguen en plena forma. El vocalista, Dolk, contó que había estado de urgencia en el hospital solo unos días antes y que no esperaba llegar al festival, pero hizo gala de su buen hacer para brindar un concierto espectacular. El clásico “Troll Dod og Trolldom” puso al público patas arriba, mientras que temas nuevos como “Daimon” o “Gloria Ablaze” gozaron de unos buenos aplausos. El cuarteto se mostró muy unido en todo momento, y el sonido les acompañó, cosa que por desgracia no sucedió en muchas otras actuaciones del festival. “Mylder” fue el broche de oro a uno de los mejores conciertos del festival francés.

Decir que este año los escenarios secundarios eran más altos, de aproximadamente un par de metros frente al metro setenta aproximadamente de la pasada edición, lo cual dificultaba en cierto sentido la labor de los fotógrafos y que en nuestra opinión era un cambio innecesario a todas luces.

También hay que destacar que el sonido en estos escenarios ha estado mucho mejor regulado, viéndose carteles en las mesas de sonido advirtiendo a los técnicos que no sobrepasaran un determinado nivel de decibelios, algo que se agradece bastante ya que en la anterior edición el sonido era en ocasiones ensordecedor.

Lo que nos llevaba a The Altar en esta ocasión era la banda polaca Vader, que nos regalaría un setlist de 12 temas interpretados sin pausa aunque con un sonido bastante descompensado.

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Los polacos, toda una institución del death metal, irrumpieron en el Altar francés y, tras una breve intro, atacaron al personal con “Go To Hell”, de su último disco “Tibi et Igni”. La experiencia es un grado, y tras más de 30 años en la escena, los de Piotr Wiwczarek saben de sobra cómo hacer disfrutar a sus fans. Repasando éxitos recientes y volviendo a los clásicos, durante una hora sonaron temas para todos los gustos, tales como “Come and See My Sacrifice”, “Decapitated Saints”, “Vicious Circle” o “Sothis”. Sobrios y profesionales, Vader se despidieron con una apabullante “Helleluyah!!! God Is Dead”, firmando una actuación correcta a la par que brutal.

Después de ver a Vader y tras adquirir la nueva tarjeta cashless (pues no la habíamos comprado aún y la de la pasada edición no se podía recargar) llegamos a duras penas al Warzone, el escenario más retirado que además este año ha sufrido una remodelación, ampliándose el espacio disponible y dotando a la zona de una zona de puestos de comida en una plaza elevada cuyo centro es un monumento al fallecido Lemmy Kilmister.

Se trata de una estatua del músico con una hornacina en la base en la que reposan un sombrero y unas botas y donde los visitantes dejaban sus “ofrendas” (tabaco, velas, monedas, botellas, condones…)

En el escenario sonaban en ese momento Killswitch Engage, de los que alcanzamos a ver los últimos temas, “My Curse” y “In Due Time”, que supusieron un buen final de fiesta para los fans de la banda que se congregaban en esta nueva zona. Tras el concierto y un paseo por la misma nos dirigimos de nuevo a los escenarios cubiertos, concretamente a The Temple para ver a Korpiklaani.

En las últimas ediciones del festival francés ha quedado claro que el folk metal mueve masas, y rara vez se ha visto un concierto de este género que no estuviese lleno hasta la bandera. Los fineses Korpiklaani no fueron una excepción, y su festiva y alegre propuesta atrajo a miles de personas al Temple de Clisson. Comenzando con “Viinamäen Vies” y “Pilli On Pajusta Tehty” de su último trabajo “Noita”, los de Jonne Jarvela animaron al personal desde el minuto uno, y aprovecharon para hacer un extenso repaso a este reciente disco con varias referencias como “Sahti”, “Lempo” o la más pausada “Minä Näin Vedessä Neidon”. Los clásicos “Wooden Pints” y “Metsämies” hicieron las delicias de los espectadores, que se tumbaban en el suelo a remar como si de piratas se tratasen. La fiesta culminó con las odas alcohólicas “Vodka” y “Beer Beer”, himnos en mayúsculas de estos locos finlandeses que cuajaron una muy buena actuación.

Tras los fineses nos desplazábamos al escenario paralelo para disfrutar de Bobby “Blitz” Ellsworth y los suyos. El Altar recibía la visita de Overkill que nos dejó algunos clásicos como “Elimination”, “Infectious” o “Hello From The Gutter”.

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Volvíamos a los escenarios principales para ver a algunos de los platos fuertes de la noche. Llegamos a la mitad del concierto de Dropkick Murphys que desde Boston, Massachusetts y celebrando sus 20 años de carrera, pusieron el toque festivo a la noche del viernes. Las continuas referencias a la inmigración irlandesa (la mayor comunidad Irlandesa en Estados Unidos está en Massachusetts) hicieron bailar a ritmo de punk rock al publico francés con temas como “Shipping Up To Boston” o “The State of Massachusetts”.

Llegaba el turno de uno de los cabezas de cartel del festival, los alemanes Rammstein. Hay que decir que a estas horas el recinto estaba demasiado abarrotado, llegando la gente casi hasta la entrada de la zona de conciertos, algo que hacia realmente difícil el movimiento por la zona y que nos hace plantearnos seriamente si es seguro o salubre poner este tipo de bandas tan multitudinarias de cabezas de cartel de un festival con tanta “población”.

Una cuenta atrás daba comienzo al show de los germanos, Kruspe y Landers bajaban del techo tocando los primeros acordes de “Ramm 4” mientras Till Lindemann entraba al escenario haciendo claqué al tiempo que tiraba el un sombrero al aire y explotaba. Quedaba patente que Rammstein estaban en el escenario. Sonaron todos los temas que cabía esperar de una actuación de Rammstein: “Reise Reise”, “Feuer Frei”, “Du Hast”, “Du Riescht So Gut” o “Sonne” entre otros. No terminamos de ver el concierto porque queríamos acercarnos al Altar a ver el show de Testament.

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Sobre las una menos diez de la madrugada teníamos cita en el escenario Temple con Abbath. Teníamos muchas ganas de ver al noruego por varios motivos, el primero es por disfrutar de las canciones de su nueva trayectoria en solitario, y lo segundo es porque es un personaje, un cachondo y la desmitificación del black metal hecha persona. Creíamos que íbamos a disfrutar de un buen show del ex-Immortal pero todo resultó ser un desastre. Todo comenzó como estaba previsto, con “To War!”, el primer corte de su disco debut homónimo. Le siguieron los covers de Immortal como “Nebular Ravens Winter” o “In My Kingdom Cold”, y otros de su mencionado último disco “Warriors” o la todopoderosa y pegadiza “Winterbane” o “Ashes of the Damned”. Hasta aquí todo bien, si se puede decir así, ya que el sonido en general de las carpas en el Hellfest ‘16 ha sido mediocre tirando a malo, salvándose un poco el Valley. Pero con “Tyrants” se aguó la fiesta si bien parecía que el viernes nos libramos de la lluvia para lo que anunciaron los partes meteorológicos.

Y es que hubiéramos preferido mil veces que lloviese al lamentable y terrible fallo técnico que sufrió el pobre Abbath a mitad de canción. Se fue el sonido de las guitarras y cuando pareció que se había solventado el fallo, volvió a hacerse el silencio. Este segundo fallo desconcertó a Abbath, al grito de ‘What the fuck’. Estos sucesivos fallos provocaron que tuvieran que repetir la canción varias veces, e incluso cuando tuvieron que remontar por tercera vez la misma canción, Abbath la comenzó sin esperar a sus compañeros, seguramente enfadado por las molestias del mal sonido, notándose cómo la batería bajo y guitarra entraban tarde y a destiempo. También fue notable la pérdida de público que sufrió a raíz de estas vicisitudes técnicas. Solucionadas una vez las incidencias, llegó el turno del temazo “One by One”, “Count the dead”, que Abbath podría haberla reinterpretado como ‘cuenta los fallos (de sonido)’ y para terminar la gloriosa “All Shall Fall”, donde pudimos disfrutar ahora sí del famoso crab walking que se suele marcar Abbath encima de los escenarios. Todo acabó y nos fuimos con una sensación agridulce de ver a un artista tan grande como Abbath con tanta mala suerte en una noche para recordar, y mientras él bajaba a las primeras filas para saludar y quizás ‘agradecer’ por su paciencia a los fans, nosotros nos fuimos a descansar de este concurrido primer día de Hellfest.

SÁBADO 18 DE JUNIO

El segundo día del festival comenzaba con más calma, tras la imparable jornada anterior, llena de emociones porque sabíamos lo que nos esperaba aunque aparentemente menos cargada de grupos.

La danesa afincada en Nueva York Amalie Brunn fue una de las primeras en subir al escenario con su proyecto Myrkur; una banda que provoca tantas pasiones como odios. Su mezcla de black metal con bonitos pasajes líricos no llegaron a convencer a una parte de la audiencia, pero no se puede negar el talento de esta mujer que, guitarra en mano -aunque solo fuera para tocar unos pocos acordes-, se dispuso a presentar su hasta la fecha único álbum, “M”. No hay término medio con Myrkur; o la amas, o la odias. En el caso de quien escribe, la balanza se inclinó más hacia el primer bloque.

Al acceder a la zona de prensa vimos que para ese día estaban programadas tres conferencias: Within Temptation, Glenn Hughes y Sixx A.M.

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Los holandeses y concretamente tres de sus miembros, Sharon, Stefan y Ruud comentaban que ya habían empezado a escribir su próximo álbum pero que aún no había más información que dar, si bien desvelaron que como en cada uno de sus trabajos, quieren darle un toque que lo haga único y que el de este nuevo disco será una sorpresa. Se les preguntó también si aprovechando que Tarja estaba allí ese día, se subiría al escenario a hacer un dueto, a lo que los holandeses contestaron enigmáticamente, dando a entender lo que más tarde pasaría (Tarja subió al escenario para interpretar “Paradise (What about us?)”).

Por su parte Hughes contaba al ser preguntado por el álbum que grabó con Black Sabbath (“Seventh Star”) que aunque no recordaba nada de los 80, había escuchado el álbum y estaba orgulloso porque no sonaba como Ozzy ni como Dio. Además contaba que es un gran amigo de Tony Iommi y que está muy feliz de que siga vivo en este planeta aún. Por último nos contó que para mantenerse le gustaba llevar una vida sana y centrarse en la música y se despidió deseándonos suerte y con una frase lapidaria: “Music is the healing and love is the fucking answer”.

Sixx A.M. al completo acudieron a la rueda de prensa posterior a su concierto, en la que se les preguntaba acerca de sus próximos dos lanzamientos (en realidad uno dividido en dos y lanzado por separado): “Prayers For The Damned” Vol. 1 (ya en el mercado) y 2. También se bromeó sobre la sobriedad de Nikki Sixx y James Michael, momento en el que Dj Ashba aprovechó para sacar una petaca y entre risas, decir que a él también le gustaba divertirse.

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Mientras, se sucedían los conciertos. Tal y como comentábamos en la jornada anterior, año tras año el folk metal arrasa en Hellfest, y con Heidevolk sucedió lo mismo. Los holandeses salieron al ritmo de “Winter Woede” ante un Temple abarrotado que se abalanzaba hacia las primeras filas para seguir de cerca cada movimiento de Jacco de Wijs y compañía. No tardaron en llegar los temas clásicos del combo neerlandés, y “Ostara” y “Nehalennia” sonaron a gloria en el escenario francés. La formación no dio un solo respiro al público, que seguía saltando y coreando canciones como “Saksenland”, además de las más recientes “Urth” y “Drankgelag”. Tras unos cuarenta minutos de actuación que se pasaron volando, los holandeses se despidieron con la archiconocida versión de “Vulgaris Magistralis”.

Tras una actuación de Cattle Decapitation que sonó insultantemente mal -no pudimos ni ver el concierto entero aún siendo seguidores de la banda-, volvimos otra vez al Temple para el turno de Fleshgod Apocalypse. Los italianos, con su nueva intro “Marche Royale” de fondo, aparecieron en el escenario tan elegantes como siempre, vestidos de traje y con la impresionante soprano Veronica Bordacchini portando su clásica máscara veneciana. Piano de cola incluido, el death sinfónico/melódico de los de Tommaso Riccardi reinó, y nunca mejor dicho, en la carpa de Clisson, bajo la mirada del rey que ilustra la portada de su nuevo trabajo. El sonido acompañó al combo italiano, y “Pathfinder” y “Cold As Perfection” sonaron impecables. La locura llegó con “The Violation”, uno de los temas más conocidos de la banda que el público celebró con cánticos y melenas al viento. “The Fool”, primer single de su último disco, supuso la recta final de su actuación, ensombrecida quizá por la no muy numerosa audiencia; coincidían con los clásicos Foreigner. Aún así, Fleshgod Apocalypse cumplió con creces su prometido, y nos brindó un concierto de maravilla.

En el Mainstage 1 llegaba el turno del virtuoso de la guitarra, Joe Satriani, que ofreció un concierto instrumental de una hora, acompañado con músicos de lujo como Marko Minnemann a la batería y Bryan Beller al bajo, ambos miembros de The Aristocrats o Mike Keneally alternando guitarra y teclados según el tema. Sonaron “Shockwave Supernova”, “Flying in a Blue Dream”, “Satch Boogie” o “Surfing Alien” en un concierto sin duda interesante para los amantes de la guitarra pero quizás un poco fuera de onda para un festival de verano.

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David Draiman y sus Disturbed eran una de las bandas que mas interés despertaban en esta edición del festival, ya que han vuelto a los escenarios hace relativamente poco. Tras presentar alguno de sus temas nuevos, como el que le da titulo a su nuevo trabajo “The Vengueful One” o clásicos como “The Game”, le llegaba el turno a las versiones, como “The Sound Of Silence” de Simon & Garfunkel incluido en su último trabajo. También sonaron los covers de “Shout at the Devil” de Motley Crüe, que la banda interpretó acompañada en el escenario por Sixx A.M. al completo o “Baba O’Riley” de The Who junto a Glenn Hughes, además de una versión de “Killing In The Name” de Rage Against The Machine, esta vez sin compañía.

Bajo las cruces invertidas del Temple y la oscuridad del escenario, comenzaron a sonar las primeras notas y los coros de “Jumalten Aika”. Los ánimos se iban caldeando en la abarrotada carpa, y cuando los cinco componentes de Moonsorrow hicieron acto de presencia, comenzó el verdadero espectáculo. Los fineses se mostraron activos en todo momento, interactuando con el público, algo no demasiado habitual en esta banda. Las largas composiciones del quinteto sonaron impecables, y las canciones nuevas calaron entre la audiencia como si fuesen clásicos. La inicial “Jumalten Aika” dejó paso a “Raunioila”, de su tercer álbum “Kivenkantaja”, y fue uno de los temas más celebrados de la velada. El público se mostraba ansioso de ver a Moonsorrow, y cada nueva canción fue recibida como agua de mayo. El ritmo pegadizo de “Suden Tunti”, una de las composiciones más cortas del combo -‘sólo’ dura siete minutos’-, puso a la audiencia a saltar a las órdenes del grupo, que en ocasiones parecía sobresaltado por la enorme respuesta recibida. La velocidad bajó por un momento con el inicio de “Ihmisen aika (Kumarrus pimeyteen)”, de su nuevo álbum. Pesada no es la palabra, pero fue quizá la canción que menos entusiasmo desató; y ojo, no es que sea mala, sino todo lo contrario, pero a sabiendas de que el set iba a ser corto, muchos esperábamos más cortes ‘clásicos’ o más referencias a su brillante discografía. De todas formas, el quinteto nos aguardaba una última sorpresa, con la grandiosa “Sankaritarina” como broche final para su actuación. En definitiva, Moonsorrow ofrecieron concierto tan esperado que la impresión general fue de asombro, en el mejor de los sentidos.

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Ya rozando las diez de la noche en el Temple sonaba la intro Dark Horse on the Wind” mientras el público esperaba expectante la salida de Primordial. Al grito de “We are Primordial, We are from the Republic of Ireland, Do you know where We are from? I have a question Hellfest, Are you with us? Are you? Because We are with you to the bitter end”, el vocalista Alan Averill (más conocido como AA Nemtheanga) presentaba su primera canción, “Where Greater Men Have Fallen”, que abre su último trabajo del mismo título. Sería uno de los siete temas que interpretaron, en un repertorio en el que mezclaron cortes de su nuevo álbum (“Babel’s Tower” o “Wield Lightning to Split the Sun”) con otros más antiguos.

Los americanos Twisted Sister llegaban al escenario principal liderados por su frontman, el incombustible Dee Snider con su gira de despedida. Y es que ya habían anunciado que no seguirían actuando tras el fallecimiento de su batería, A.J. Pero -a quien le dedicaron un tema-, en marzo del pasado año. En esta ocasión se sentaba tras este instrumento el gran Mike Portnoy, que cumplió sus funciones con creces. El de los neoyorkinos era pues un concierto muy esperado que repasó temas emblemáticos de su carrera (este tour llevaba el nombre de “Forty and f*ck it”) como “The Kids Are Back”, “You Can’t Stop Rock and Roll” o “We’re Not Gonna Take It”, donde pudimos escuchar a bastantes fans españoles coreando el ya famoso “huevos con aceite”.

No faltaron éxitos como “I Believe in Rock ‘n’ Roll” o “I Wanna Rock” a la que seguía una sorpresa. La banda se disponía a interpretar el tema “Shoot ‘Em Down” cuando un tercer guitarrista se subía al escenario: nada más y nada menos que Phil Campbell, con quien tocaron esta canción para seguir sorprendiéndonos con una versión de “Born To Raise Hell”, de Motörhead. La banda terminaba su actuación con “S.M.F” pero antes de marcharse y dejarnos con el maravilloso homenaje a Lemmy Kilmister nos deleitaron interpretando de nuevo el estribillo de “We’re Not Gonna Take It”, quizá su tema más famoso, mientras todos sentíamos al cantarlo que no íbamos a aceptar su marcha para siempre. Un magnífico fin de concierto antes del tributo a Lemmy, protagonista de esta undécima edición del Hellfest, en el que tras contemplar un vídeo en las pantallas pudimos admirar los espléndidos fuegos artificiales que la organización nos tenía preparados y que terminaron con un “R.I.P. Lemmy”.

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Y, ¿qué mejor para cerrar la jornada que una buena dosis de black metal tradicional? Eso debimos pensar los que nos acercamos al Temple a la una de la madrugada para presenciar el espectáculo de Dark Funeral. Los suecos, con el ‘nuevo’ vocalista Heljarmadr al frente, dieron inicio al ritual con una nueva canción, la apabullante “Unchain My Soul” que nos dejó a todos con el cuello torcido desde el minuto uno. La formación escandinava ofreció un set enfocado a presentar su brillante nuevo trabajo, “Where The Shadows Forever Reign”, pero encontraron el equilibrio entre lo reciente y lo clásico, saciando los gustos de todo tipo de fan. “The Arrival of Satan’s Empire” y “The Secrets of The Black Arts” nos transportaron a las primeras obras de Dark Funeral, mientras que con “As I Ascend” y “Nail Them To The Cross” nos mostraron que, a día de hoy, siguen estando en plena forma. La recta final la encararon con el himno “My Funeral”, una de las canciones más conocidas del grupo. El final, con “Where The Shadows Forever Reign”, nos brindó una actuación casi perfecta.

Lord Ahriman, alma y único miembro fundador de la banda, tuvo problemas con el sonido de su guitarra justo en pleno solo, y no se escuchó una sola nota cuando faltaban apenas dos minutos para terminar el concierto. Como respuesta, el hacha sueco se marchó del escenario sin despedirse de nadie; y no nos extraña, sinceramente. A parte de ese error, el concierto de Dark Funeral fue impecable en todos los sentidos, y el colofón perfecto a una segunda jornada de conciertazos.

DOMINGO 19 DE JUNIO

ncarábamos el domingo con pena por ser el último día de festival pero expectantes, pues tocaban varios pesos pesados a los que teníamos muchas ganas de ver como Ghost, Black Sabbath y King Diamond.

La jornada comenzaba en el Temple con los islandeses Skálmöld. Los vikingos reventaron la carpa desde el primer momento, y aún tocando por la mañana, había público siguiendo el concierto desde las pantallas grandes ubicadas fuera del recinto. Arrancando con “Innrás”, la animada “Gleipnir” atrajo la atención de muchos festivaleros, que se unieron a la fiesta escandinava. Con una ejecución impecable, el combo islandés repasó sus tres discos de estudio a través de temas como “Með drekum”, “Sleipnir” o la final “Kvaðning”, con la que se despidieron entre vítores, prometiendo una pronta vuelta a los escenarios franceses.

Justo después comenzaba en el Mainstage 2 la actuación de Dragonforce que nos ofrecieron un setlist corto, ya que solo disponían de 40 minutos y de todos es conocido la longitud habitual de sus temas. Lo temas se sucedieron con una protagonista, una plataforma central en la que cabían hasta tres de los miembros del grupo y que servía como puesto para que Herman Li y Sam Totman hicieran sus solos y habituales duelos. Venian promocionando su ultimo lanzamiento, un “best of” llamado “Killer Elite”, por lo que hicieron un breve repaso a algunos de sus éxitos, como “Heroes Of Our Time” o “Through The Fire And Flames” bien acoplados a la voz de Mark Hudson. Una buena manera, sin duda, de ir caldeando el ambiente.

En el mismo escenario de Dragonforce, pero con la actuación de No One Is Innocent en el Mainstage 1 de por medio, podíamos ver la actuación de Tarja que con su habitual simpatía nos iba desgranando cada uno de los diez temas que componían su setlist.

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Uno de los platos fuertes del día fueron Gojira. Jugando en casa, los franceses gozaron del favor del público, animado en todo momento por la actuación de Joe Duplantier y compañía. Comenzando con “Toxic Garbage Island”, Gojira fueron uno de los damnificados por el mal sonido de los escenarios principales, llegando incluso a niveles en los que resultaba difícil seguir la canción, pero eso no parecía importarte a la audiencia, entregada fielmente a los de Bayona. El cuarteto venía presentando su nuevo disco, “Magma”, del que sonaron tres canciones: “Stranded”, “Silvera” y “Only Pain”. Aún así, sus aclamados “From Mars to Sirius” y “The Way of All Flesh” gozaron de un merecido protagonismo con grandes himnos como “Backbone” o “Vacuity”, tema con el que cerraron la actuación. Altísimo nivel el demostrado por Gojira, solo ensombrecido por el pobre sonido que ofrecía el Mainstage 1 -volumen cambiante, instrumentos que apenas se escuchaban y altibajos constantes, entre otras cosas-. A destacar el solo de batería de Mario Duplantier, toca una fiera detrás de los bombos.

A la misma hora que Blind Guardian comenzaba a reinar el Mainstage 2, los melódicos finlandeses Insomnium hacían lo suyo en el Altar. Comenzando con “The Primeval Dark”, el bajista y vocalista Niilo Sevänen nos condujo hacia la conocida “While We Sleep”. La guitarra de Markus Vanhala sonó a las mil maravillas durante su actuación, y nos deleitó una y otra vez con los solos que ejecutó. “Down With The Sun” fue una de las canciones más celebradas de la banda, que contaba con un público bastante numeroso y entregado. Tras la balada “The Promethean Song”, Insomnium encaró el final de su actuación con “The Gale” y el gran “Mortal Share”, que puso la guinda a un concierto lleno de emoción.

En el Mainstage 1 salían a escena Slayer, con su habitual actitud de “llego, descargo, y me voy” sin artificios ni pirotecnias, ni nada por el estilo. Abrieron con “Repentless”, tema que da nombre a su último disco y que desató el jubilo de miles de seguidores allí congregados. Sonaron himnos como “South Of Heaven”, “Dead Skin Mask”, “Raining Blood” y “Angel of Death” (con un fondo especial en homenaje a Jeff Hannemann), siempre bien recibidos por la audiencia, pero quizás demasiado vistos ya en los festivales veraniegos, lo cual hizo que el concierto fuera perdiendo fuelle.

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Con muchísimo menos público de lo que le correspondería a un grupo de su talla -las pegas de coincidir con un mastodonte como Slayer-, a las seis y media de la tarde comenzaban a salir los integrantes de Taake. Con el vocalista Hoest a la cabeza (único miembro oficial del grupo), “Nordbundet” abrió el set de los noruegos, que no se amilanaron ante la escasez de audiencia. Tan hiperactivo como siempre, Hoest animó a los presentes sin cesar con temas como “Du Ville Ville Vestland” o la primera parte de “Hordalands Doedskvad”. Otra vez más, el buen sonido volvió a brillar por su ausencia, y canciones como “Umenneske” pasaron sin pena ni gloria precisamente por la dificultad de apreciar las notas, por desgracia. Aún así, el momento estrella de la actuación llegó con “Myr”, cuando Gjermund Fredheim dejó de lado su guitarra por un momento para regalarnos un brillante solo de banjo que, sorprendentemente, casa bien con el black metal. Fue la canción más celebrada por los fans, sin duda, que vieron cómo se despedía el grupo con la clásica primera parte de “Nattestid Ser Porten Vid”.

Nadie duda a día de hoy de la grandeza de los suecos Amon Amarth, pero por si alguien se despista, ellos mismos lo vuelven a recordar actuación tras actuación. Basta con mirar la escenografía que nos regalaron en el festival francés, con dos grandes dragones escupiendo humo en pleno escenario. Johan Hegg, líder y alma del grupo, salió con las pilas bien cargadas al ritmo de “Pursuit of Vikings”, y para cuando comenzó a entonar “As Loke Falls” ya se encontraba encima de uno de los dos dragones bajo la atenta mirada de miles de espectadores. La única pega fue que tocaban a plena luz del sol, porque los escandinavos no escatiman en luces, fuegos y decorados de infarto. Aún así, la deslumbrante actuación se desgranó en himnos como “Cry of The Black Birds”, “Death in Fire” o la más reciente y pegadiza “Raise Your Horns”, que gozó de muy buena aceptación entre el público. Tan correctos como siempre, con Johan Hegg interactuando constantemente con la audiencia, el combo vikingo se despidió de Clisson con dos de sus temas estrella: “Guardians of Aasgard” y “Twilight of The Thunder God”, con mjölnir gigante incluido.

A continuación en el Mainstage 1 tenia lugar la actuación de Megadeth, una de las bandas más esperadas del festival, a pesar de no ser cabezas de cartel como tal. Su escenario mezclaba elementos propios de una nave especial con algunas pantallas extra donde se proyectaban imágenes concretas para cada tema. Nos presentaron un concierto plano y hasta cierto punto aburrido, tampoco es que Dave Mustaine sea precisamente alegre en el escenario. Sonaron cuatro temas de su ultimo trabajo “Dystopia”: “The Threat Is Real”, “Post American World”, “Dystopia” y “Fatal Illusion” que combinaron con algunos clásicos como “Tornado of Souls”, que dedicaron al recién fallecido Nick Menza, (ex batería de la banda), “A Tout Le Monde”, muy apropiada para el publico francés y las imprescindibles “Peace Sells” o “Symphony Of Destruction”. Cabe destacar que en la batería pudimos ver a Dirk Verbeuren (Soilwork), ya que Chris Adler ya no tiene ninguna relación con Megadeth.

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Con tres discos en su haber, los misteriosos Ghost despiertan pasiones allá donde van, y en pocos años han crecido a velocidad de vértigo. Con el tercer Papa Emeritus a la cabeza, los sonidos fantasmagóricos de “Spirit” dieron comienzo a una velada en la que el combo sueco demostró por qué estaban actuando en uno de los escenarios principales justo antes de Black Sabbath. La misa satánica continuó con “From The Pinnacle To The Pit”, otro corte de su último trabajo, “Meliora”. Tras una breve introducción del Papa, “Body and Blood” nos presentó a las Hermanas del Pecado, un grupo de ‘monjas’ que bajaron al público a repartir vino entre los asistentes. Ganando tiempo con “Devil Church”, “Cirice” mostró la otra cara del Papa, deshecho de su traje habitual para saltar a escena con una elegante chaqueta, mucho más sobrio. Este tema, junto al seguido “Year Zero”, desató la locura entre la audiencia, que ya estaba extasiado con los suecos. La bonita “He Is” puso el punto delicado en el concierto, que siguió con el repaso a “Meliora” con “Absolution” y “Mummy Dust”. Los músicos, impecables en todo momento, quedaban a la sombra de su líder, que interactuaba con los espectadores con memorables charlas. Y, tras un educativo speech sobre, atención, el orgasmo femenino, “Monstrance Clock” comenzó a sonar con el vocalista cantando entre la audiencia, acompañado por las Hermanitas. No fue la última sorpresa de la noche; el final fue uno de los más espectaculares y emotivos que se recuerdan en Clisson. Imaginad la escena: el grupo terminando la canción con un coro formado por las ‘monjas’, otro coro formado por niños y niñas, y fuegos artificiales al mismo tiempo. La explosiva combinación arrancó aplausos e incluso alguna que otra lágrima. Ghost fueron de otro mundo ese día. La pregunta ahora es: ¿con qué nos sorprenderán la próxima vez?

Y llegó el gran momento, la hora de los verdaderos protagonistas de esta edición: Black Sabbath, embarcados en su gira de despedida, venían a decir adiós al escenario francés, pero no sin antes regalarnos hora y media de historia viva de la música. Los padres del heavy metal, Ozzy Osbourne, Tony Iommi y Geezer Butler, acompañados por el batería Tommy Clufetos, arrancaron la actuación con “Black Sabbath”, envueltos en una nube de luces psicodélicas. “Fairies Wear Boots”, “After Forever” e “Into The Void” fueron las siguientes en caer, y para cuando comenzó a sonar “Snowblind”, el público ya se encontraba gratamente sorprendido por el buen estado de la voz de Ozzy Osbourne. La gran “War Pigs”, coreada por miles de asistentes, nos llevó ya al ecuador del concierto, que gozó de muy buen sonido. Temazo tras temazo, el grupo sonaba compacto, unido, pero las miradas recaían en Tony Iommi. El guitarrista, clase de pies a cabeza, dio una magistral demostración de cómo hacer música y magia sobre el escenario. La recta final, con “Iron Man”, “Children of the Grave” y “Paranoid”, fue el broche de oro a un concierto inolvidable y una despedida por todo lo alto a los inmortales Black Sabbath.

Compartiendo horario con los cabezas de cartel y con una por ende mermada audiencia se preparaba el concierto de Paradise Lost, un concierto que sería especial ya que su setlist se limitaba al segundo disco de la banda, “Gothic”, al completo con “Desolation” el tema final como introducción. Cabe recordar que este año es el vigesimoquinto aniversario de la publicación de este trabajo y aunque no había constancia de que este homenaje fuera a celebrarse, entendemos que la banda quiso premiar así a sus fans más acérrimos.

Sonaron también en la parte final el tema “Embers” de su disco “Icon” y un par de temas de “The Plague Within”: “No hope Insight” y “Beneath Broken Earth”

El veterano del festival, King Diamond, salía a escena a las 00.45h con un público no demasiado numeroso. Los que disfrutamos su actuación, aunque cansados tras tres intensos días de festival, fuimos recompensados con un buen sonido y una magnífica puesta en escena correspondiente a “Abigail”, su álbum de 1997. Sobre el escenario principal podíamos contemplar, en medio de un ambiente cuasi mágico y simulando la mansión encantada de la que habla el disco, cruces invertidas, una serie de espejos y dos escaleras por las que Kim y Jody Cachia, la actriz que le acompaña, habrían de pasarse subiendo y bajando toda la noche.

La representación daba comienzo con la inquietante intro “Out From The Asylum” (de su disco “Them”) para arrancar con el tema del mismo trabajo “Welcome Home”. “Sleepless Night” (de “Conspiracy”) era el siguiente corte que nos regalaban, con su lento y melódico comienzo y un espectacular -durante todo el concierto- Andy Larocque a la guitarra. Señalar que como corista le acompañaba, como ya viene siendo habitual, su mujer, Livia Zita. “Halloween” y “Eye of the Witch” fueron los otros dos temas que pudimos escuchar antes de que llegaran los primeros cortes de Mercyful Fate: “Melissa” y “Come to the Sabbath”.

Por fin sonaban los primeros acordes de “Funeral”, el tema con el que arranca “Abigail”, seguido de “Arrival”, mientras King Diamond, cuchillo en mano y rodeado de dos monjes, sacaba el cuerpo de una niña de un ataúd. El público, cada vez más entregado, no dejó de hacer crowdsurfing durante lo que restaba de concierto. “A Mansion In Darkness”, “The Family Ghost” o The 7th Day of July 1777, donde los monjes ayudantes cambiaron las guitarras de Larocque y Wead por unas acústicas para la introducción del tema, hicieron las delicias de los fans más entusiastas. Con “Omens”, “The Possession”, y “Abigail”, con los inconfundibles falsetes del tenor, llegábamos al punto álgido de la representación, que terminaba con la genial “Black Horsemen”. De nuevo la composición comenzaba en acústico, con King Diamond y la actriz encima de las escaleras, el vocalista alternando sus distintos tonos de voz y los monjes ayudantes cambiando los instrumentos por otros más adelante. Un broche final para una tremenda actuación tras el que sonaba “Insanity” y el gran King Diamond nos daba las gracias en medio de un larguísimo aplauso de sus seguidores, saludando una y otra vez y dejándonos con un grato sabor de boca y el sentimiento de sabernos privilegiados.

Aun con King Diamond en el escenario principal y con parte de la audiencia ya fuera del festival, salían a escena Deicide de una manera discreta pero efectiva, con tan solo luces blancas y las tres cruces invertidas de The Temple, cuatro con la que lleva “tallada” el propio Glen Benton en su frente. Con un escueto “Holy Shit!” empezaban a descargar “Homage of Satan”, el primero de los 16 temas que, sin pausa, Deicide le regalaba a su público.

Un concierto muy técnico y en ocasiones anodino para los profanos en este estilo, pero que sin duda hizo las delicias de los fans más fieles de la banda.

Tras Deicide y King Diamond dábamos por concluida nuestra andanza en la undécima edición de Hellfest encaminándonos hacia la salida, habiendo recogido nuestras pertenencias de las taquillas previamente, y despidiéndonos hasta el año que viene de la que había sido nuestra “ciudad” en los últimos tres días. Una edición memorable, como siempre con aspectos que pulir (sobre todo los relacionados con el trabajo de los fotógrafos), pero sin duda una experiencia única que todo metalhead debe vivir alguna vez en la vida.

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Reseña realizada por Alex Márquez, Aintzane Larrañaga y Salud Moreno Jurado.



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