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07-09 JULIO - VIVEIRO, ESPAÑA

RESURRECTION FEST 2016

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Estuvimos de nuevo en el maravilloso pueblo de Viveiro para rendir cuentas al reto que Resurrection Fest nos hacía para su undécima edición. Este año, como viene siendo habitual, el festival se superaba en ambición y prometía un nuevo salto de calidad gracias a un cartel de un nivel superior. El planteamiento era ese, crecer, y se acabó confirmando.

Podemos decir que entre la oferta de la organización y la respuesta del público Resurrection Fest 2016 terminó por coronarse histórico. Si hace años que venimos comprobando que el festival es de lo mejor que se ha hecho en España en muchísimos aspectos, en esta edición se vuelven a revalidar y empiezan a consolidarse como uno de los pesos pesados en el circuito de grandes festivales de verano en Europa. Vayamos al grano repasando la primera jornada del festival.

ASPECTOS GENERALES

Ir a esa joya lucense que es Viveiro siempre se traduce en un verdadero placer. Ir con la sonrisa dibujada en la cara durante los últimos kilómetros de trayecto en carretera antes de llegar al pueblo son de un gozo infinito, por la belleza del paisaje y por el estado de nervios que empieza a hacerse incontrolable. Llegar a Viveiro, respirar su aire, escuchar las gaviotas, degustar su gastronomía, conectar con su gente… es algo único, otra galaxia, y más para alguien que vive a 1000 kilómetros, a orillas de Sierra Morena.

En el 2016 Resurrection Fest se hace fuerte en sus fortalezas: su irremplazable entorno, su diáfano recinto y un atractivo cartel de bandas internacionales que disfrutan de la gran calidad de sonido de tres escenarios por estilos. Si vas a Resurrection Fest sabes que detrás hay voluntad y esfuerzo por ofrecerte un buen servicio. Este año, colgando el cartel de “No hay billetes”, se podía temer algún desajuste y desproporción, llámense colas o algún otro tipo de incomodidad, algo que la organización supo trabajar para que no ocurriese, y lo dice alguien que fue con toda la familia, incluidos dos niños. El festival sigue creciendo y sabe escuchar a su público, dentro de sus posibilidades, dando respuesta a lo que se le solicita. Aunque siempre se puede mejorar, es importante no olvidar a lo que estábamos acostumbrados en España hasta hace muy poco, algo que choca frontalmente con la filosofía de Resurrection Fest, que procura no solo soltar al escenario bandas apetecibles, sino conformar un pack completo de experiencias inolvidables. El recinto ha sido ampliado, mejoras en escenarios, espacios, personal, sonido, decoración, servicios innumerables… en definitiva una suerte tener algo así en España. Una cita ineludible para cualquier amante del Rock duro y los sonidos extremos.


JUEVES 07 DE JULIO

Tesseract sin embargo quizá no acabaron de cuajar del todo, suenan fino, todos vimos a una excelente banda, pero muchos de sus temas se hicieron algo anodinos o faltos de pegada, posiblemente debido a que estábamos en el arranque del festival y había ganas, en general, de algo más duro. En todo caso los fans de primeras filas “valla en mano” disfrutaron ya que la banda es excelente, me quedo con su último tema Of Mind – Nocturne, que sonó genial. Si lo que queríamos era caña la obtuvimos por partida triple, Wormed volvían al Resu, esta vez en escenario abierto al aire libre, y pese a tener que solventar la ausencia de su ya exguitarrista J. Oliver, dieron una espectacular demostración de por qué es una de nuestras bandas más reconocidas internacionalmente. Los madrileños saben cómo sonar ultraextremos recurriendo a la técnica más endiablada. La sonorización de esta banda es un hándicap importante, ya que con la velocidad y saturación que manejan, el no contar con buen sonido puede ser un sufrimiento a modo de bola de ruido, algo que no ocurrió, siendo un concierto plenamente disfrutable para sus muchos seguidores.

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Pasamos al otro vértice del metal, al mainstream más accesible, con unos While She Sleeps a los que pocas pegas se les pudo poner. Pese a la hora y ser el día más flojo en cuanto a público la banda contó con una buena respuesta de fans que disfrutaron mucho de la actuación de los británicos, con un Metalcore conciso y en el que su vocalista se mostró mucho más agresivo de lo que esperaba. Lawrence “Loz” Taylor se vació por completo, pulmones y pellejo, ya que fue de los primeros vocalistas en querer jugarse los cuartos arrojándose al público compartiendo la fiesta con su gente. Primera sorpresa del festival si eres alguien a quien el metalcore más accesible no le guste. The Casualties dieron un conciertazo de esos que pueden ser catalogados de pura fiesta. Una banda con una autenticidad desbordante, con un Jorge Herrera comunicándose en un castellano lo suficientemente bueno como para meterse al público en el bolsillo. Puro Punk con versión de Eskorbuto incluida.

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Ver a Bad Religion era algo que tenía pendiente desde siempre, y dieron un conciertazo impresionante. Si bien el sonido empezó un tanto confuso, pasados unos minutos desde la mesa dieron en la diana y sonorizaron de un modo perfecto. Dónde mejor que en Viveiro para disfrutar con el mítico -y espléndido- Greg Graffin, en un curioso contraste al verle con ese aire de curilla cincuentón delante del clásico logo anticatólico de la banda. También fue una sorpresa ver que su batería actual es el genial Jamie Miller, de los míticos Snot. Los californianos dieron un amplio repaso a toda su discografía, con una fiesta absoluta en “Punk Rock Song”. En resumen volvemos a hablar de un gran concierto a un nivel que los fans de la banda disfrutaron y los menos amigos de este estilo encontraron innegablemente atractivo. Rotting Christ dieron un gran concierto en el Chaos Stage, regalándonos sus últimos temas y muchos de sus clásicos. Los griegos volvieron a demostrar que son una banda con tradición e innovación en su música, y que saben trasladarlo perfectamente al directo. Walls of Jericho estuvieron muy bien, aunque salvo su frontwoman la banda estuvo algo cohibida, esperaba algo más de potencia en general, aunque la actuación fue más que suficiente para saltar y guerrear en una carpa hasta la bola.

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Y llegó lo que para muchos sería uno de los platos fuertes del festival, Bring Me The Horizon, banda que he de reconocer nunca me dijo nada en estudio, y que mientras en un principio de su actuación me causó cierto rechazo, finalmente acabé por tolerar y entender. Dejando a un lado aspectos extramusicales bastante reprobables en la banda, hicieron un formidable concierto, contando con un sonidazo espectacular y un montaje ciertamente atractivo a base de luces y pantallas, así como unos inmensos chorros de humo que salían del escenario. Los temas de la joven banda resultan propicios para el directo, son movidos y provocan una inmediata respuesta en su público, aunque por el contrario dejan cierta sensación de artificialidad, con muchísimos efectos y arreglos de su teclista, quien para mí es el verdadero alma de la banda. Jordan Fish además de programar bases e incluir teclados, realiza arreglos de percusión y se muestra como un gran vocalista, llegando a los registros melódicos que su frontman no es capaz de alcanzar. Si hablamos de Oliver Skyes, a mí personalmente me parece que salvo cuando grita enfurecido es un músico muy limitado vocalmente, además de que su atuendo –jerséis 3 tallas más grandes estilo Enrique Iglesias- y movimientos me resultan bastante chocantes, pero esto es un comentario personal de un carcamal supongo, y algo que no empaña mi percepción general del concierto, que es positiva. Entiendo que para muchos de sus fans fuese el mejor concierto del festival, ya que supieron sonar mejor que en estudio a un volumen brutal y con un show muy vistoso.

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Algo raro sucedió con Fleshgod Apocalypse, la banda sufrió un sonido muy deficiente, algo que terminó por afectar en la actitud de los músicos que intentaban por todos los medios reponerse. Finalmente tenemos que decir que fue una decepción ya que lo que podría haber sido uno de los conciertos top del festival acabó siendo un sufrimiento para agrupación y público. Volbeat venían a defender su posición de banda protagonista de la primera jornada, con una considerable multitud de público y una amplia disposición de tiempo (que terminó por pisarse con Brujería). Los daneses estuvieron algo más flojos de lo que acostumbran, con un Michael Poulsen algo menos entregado que en otras ocasiones, aunque tanto él como los suyos se fueron entonando y comprometiendo poco a poco. Salvo alguna inclusión sorpresa de temas antiguos la banda tiró de sus creaciones más edulcoradas, y algunos de sus temas emblema me sonaron algo descafeinados, e incluso ralentizados. Finalmente podemos hablar de un show correcto. Con Brujeria esperábamos terminar la jornada con buen sabor de boca, y al final no pudo ser. Más que “echando chingasos” para mi fue un “echando de menos”. La banda fue en el pasado mucho más de lo que es a día de hoy, y me da pena decirlo, no me pude meter en el concierto ni tan siquiera un poquito. Los grandes temas que los mexicanos firmaron no creo que sean dignamente trasladados al directo con la actual formación, pese a tener a Jeff Walkers con ellos sigo echando de menos la pegada de plomo, los Brujería actuales me parecen una versión apagada de lo que eran. Y de este modo acabó el primer día del festival.

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VIERNES 08 DE JULIO

Con el postre literalmente en la boca llegamos al recinto donde unos Avulsed enfurecidos, como de costumbre, se propusieron darnos la siesta a base de pútrido y abrasivo Death Metal, y bien que lo consiguieron. Soy muy fan del siempre polémico Dave Rotten, pero fan de lo que hace donde siempre lo borda: sobre el escenario. El vocalista es uno de los mejores frontman en el universo Death Metal, transmite su pasión por lo que hace, se deja todo lo que se tiene que dejar sobre el escenario y encima tiene temazos y una banda digna de mi mayor admiración. El show tanto con sus nuevos temas como con sus muchos clásicos se convirtió en una fiesta Death Metal, mucho más alocada de lo que esperaba, con un pit lleno de magníficos majaretas que se contagiaron de toda la brutalidad que la banda ofrece en directo. Su nuevo batería se ha adaptado a la perfección. La cosa se desmadró especialmente con Gorespattered Suicide, con un Dave Rotten en la arena a codazos con su público y corriendo en el circle pit como uno más. Me dirigí luego al Ritual Stage y, lo reconozco, fallo mío no tener ni idea de quienes eran Arkangel, quienes para mí fueron una de las sorpresas del festival. Al no tener que esperar nada al verlos me resultaron muy potentes y disfrutables, quizá en un estilo de Metalcore/Thrash no demasiado personal, pero sí con las tablas y el engrase suficientes como para tenerlos ya apuntados en mi lista de “a escuchar detenidamente”. El público tampoco parecía controlarlos demasiado en su mayoría, pero creo que nadie salió de la carpa decepcionado con ellos.

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Posteriormente fuimos de nuevo al escenario principal para ver a Hamlet. El quinteto madrileño salió como siempre a darlo todo, con la intención de demostrar una y otra vez la gran banda que son en directo. La llama de esta segunda juventud en que la banda se instaló hace tres o cuatro años sigue más fuerte que nunca. Pese a tener a veces unas rachas de viento que hacían vacilar el sonido, la habitual muralla de guitarras cayó encima de todos nosotros. Los riffs que salen a tamaño mastodóntico de la mano de Luis Tarraga y su perfectamente acoplado Ken HC se hicieron cargo de nuestros pescuezos en un show que resultó pesado y poderoso, con una actitud envidiable y con un Molly que volvió a demostrar dedicación, valía y humildad; algo que les falta a demasiados músicos últimamente. El setlist fue escogido como siempre de un modo muy acertado, tirando de clásicos y esta vez tocando temas de su último disco, “La Ira”. Me quito de nuevo el sombrero con ellos. Grandes.

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Los peculiares Protest the Hero dieron un buen concierto, que me dejó un tanto descolocado por ese contraste entre sonido pulcro y técnico y esa puesta en escena desenfadada, y es que la banda parecía que venía directamente de la playa, con los refrescos, las gorras y las chanclas puestas, algo que contrastaba con la fuerza y virtuosismo de su música, si bien el cantante añade vocalmente ese punto de locura. La banda canadiense derrochó talento sin dar muestras de desinflarse demasiado, y la verdad es que su público salió más que satisfecho. Volvimos al Chaos Stage para ver a otra gran banda nacional con calidad como para derrumbar todas las fronteras que surjan a su paso, Angelus Apatrida, dieron un conciertazo certero y a la yugular, aunque tuve que moverme un poco entre el público hasta encontrar un punto en el que se escuchasen ambas guitarras. Contaron con un numeroso público, entregado al 100%. Si los has visto alguna vez sabes que son una garantía, y el sábado salieron con más ganas si cabe, una verdadera lección de thrash de altísima calidad, con un “You Are Next” que me sonó deliciosa.

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Otra banda que tenía muchísimas ganas de ver eran Hatebreed, que por mucho que por aquí se han acercado no pude ver hasta el viernes. Con nuevo disco bajo el brazo hicieron temblar los cimientos del escenario principal con su poderosisimos riffs que encontramos en ese justo punto intermedio entre el Metal y el Hardcore, algo por lo que es una banda especialmente venerada en este festival. Arrolladores y con tiempo suficiente para casi no dejarse ningún tema obvio en su repertorio, se les vio disfrutar y la gente se lo pasó bomba con ellos. La propuesta discográfica de Sinistro es muy atractiva, y es cierto que clavan el directo, pero casi todo se les puso en contra a los portugueses. El tristecillo número de personas que se acercaron a verlos, la hora, el calor, y lo poco festivalero de su sonido, hizo que su presentación estuviera muy deslucida y desaprovechada. Nada que objetar a la banda sin embargo, y sobre todo a su frontwoman, que realmente sí que estaba metida en la actuación. Frank Carter dio un conciertazo apabullante, así lo pudieron atestiguar los numerosos fieles del pelirrojo, que supo manejar a sus seguidores ofreciendo un show irrepetible. Tengo que decir que desde fuera de la carpa (desde donde la visibilidad no es demasiado buena) muchos no entendían lo que dentro estaba pasando, miraban al escenario y apenas veían a un guitarrista sentado, escuchaban un vocalista que no sabían donde estaba, y fueron muchos los que se dieron la vuelta y se perdieron uno de los mejores conciertos del festival. Actuar de ese modo, para tus 150 fans más cercanos tiene esa desventaja, algo que en el escenario principal podría haber resultado definitivamente histórico, y que el propio Carter pidió poder hacer en próximas ediciones.

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Tras un memorable concierto de los franceses en 2014, Gojira volvían a Resurrection Fest con el listón muy alto, y si no consiguieron superarlo, cuestiones personales de cada uno, como mínimo consiguieron igualar aquella tremenda actuación. La banda de los hermanos Duplantier ofrecieron su habitual ejercicio de corte y empuje, con su sonido único, mortal como un mazo y preciso como un escalpelo. La banda contó con más tiempo en esta ocasión, y también pudo adornar su actuación con una vistosa pirotecnia. Repasaron ampliamente sus cuatro últimos discos, presentando por vez primera en nuestro país tres de los cortes de su recientemente publicado “Magma”. Tras su inquietante modesto paso por Hellfest la banda nos tenía preocupados, pero tras verlos en Viveiro tenemos que seguir pensando que son serios candidatos a encabezar mundialmente esto de los sonidos duros, si es que no lo hacen ya. Me quedo con la manera en que sonó “Silvera” y su último tema: “Vacuity”, que me sigue pareciendo igual de fascinante o más que la primera vez que la escuché allá por 2008. Gojira por tanto vuelven a hacer podio en las actuaciones de esta edición. Dark Tranqillity se presentaban con nueva formación tras la marcha de su fundador y principal compositor, el guitarrista Martín Henriksson. Con un Mikael Stane en plena forma y que no paró de interactuar con el público en todo momento dieron un buen repaso a su discografía aunque personalmente eché en falta algún tema más de su primera época. Esta nueva formación sonó realmente bien y ya hay ganas de escuchar su nuevo disco, Atoma, que saldrá en otoño y que se presenta como un gran reto para la banda.

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The Offspring tienen el San Benito de ser catalogados desde hace años como una banda de verbena, banda acaramelada, heredera del boom de la MTV y vividora de sus singles más comerciales, y puede que algo de eso sea cierto, aunque igual de cierto es que dieron un excelente concierto como cabezas de cartel del segundo día del festival. Los de Dexter Holland sonaron formidables, frescos y con chispa, tocaron sus temas más facilones, así como clásicos punkrock de los 90, y el que no se lo pasara bien es porque no quiso, porque todo estaba de cara para disfrutar con ellos. Hay quien no se acostumbra a verlos más viejos y ricos, hay quien echa en falta mayor acidez, pero lo cierto es que lo que dieron estuvo muy bien, toda una fiesta en más de una hora de auténtico concierto festivalero. La última banda que vimos el viernes fue a Madball, quienes tras un enorme telón con la cara de Melchor Roel -el que fuera alcalde de Viveiro y gran mentor del festival hasta su fallecimiento hace un par de años- dieron una verdadera lección de hardcore old school. Su frontman Freddy no paró de saltar y de moverse en todo momento, dirigiéndose a la audiencia en su particular castellano. Sonaron realmente bien, como fue la tónica del Ritual Stage.

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SÁBADO 09 DE JULIO

Comenzamos bajo un sol y un calor de justicia con Destruction, el trío de thrash metal alemán nos dio un pequeño adelanto de lo que nos esperará en su próxima gira por la península en octubre. Posiblemente sonaron un poco bajos pero aún así dieron un buen concierto mezclando clásicos con temas de su último trabajo. Mientras los Shining noruegos sorprendían a propios y extraños con un electrizante concierto en el que demostraron que no solo destacan por ser osados y extravagantes en estudio, sino que en vivo cuajan a la perfección su sonido, convirtiéndose en una perfecta banda de directo. Desbordaron energía y calidad, aprovechando un gran sonido a gran potencia en el Chaos Stage. Y fueron eso, un perfecto y domado caos musical que arrolló con sus diferentes temas como con la versión de Beatles, “Helter Skelter”. “El saxo es nuestro instrumento más metal” acertó a afirmar Munkeby. Su mezcla de jazz, electrónica y metal abrasivo fue sin duda de lo mejor que pasó por Viveiro, cerrando con la espectacular “The Madness and the Damage Done”, simplemente mortal.

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En el Ritual Stage tocaba en turno de Thy Art Is Murder, una de las bandas deathcore más respetadas en la actualidad y en Viveiro demostraron el por qué; brutalidad, breaks absolutamente salvajes y un sonido sencillamente perfecto, como era de esperar en el Ritual Stage. No es que sea un gran fan de este estilo pero he de reconocer que sus fans tuvieron que acabar especialmente contentos con la descarga de los australianos. Lo mismo pasó con Bullet for My Valentine, quienes yo tenía en el saco de bandas blandengues en el universo Metalcore, idea de la que salgo escarmentado ya que ví una banda de metal conciso y pesado, con unas voces demasiado edulcorada en la mayoría de las ocasiones, pero instrumentalmente sonaron cañón. Vi una banda de verdad, sin poses ni tonterías, con un sonido electrizante, muy pesado en ocasiones, como en “4 words”, tema que sonó bestial, contando además con, posiblemente, el mejor sonido que se pudo escuchar en todo el festival. Tanto sus fans como los que ya se agolpaban por allí esperando a Maiden disfrutaron de un formidable concierto. En la carpa, y tras un telón con un dibujo de Donald Trump saltándose la tapa de los sesos aparecieron los 5 gamberros de Municipal Waste para repartir cera de la buena. Esta banda no se anda con rodeos y van directamente al grano con su thrash crossover de clara influencia ochentera, los pits fueron constantes durante su actuación y no dejaron prisioneros. Viniendo desde noruega y con tanto tejido adiposo alguno de los integrantes de Enslaved lo pasaron realmente mal cara al sol. “Realmente podemos morir aquí” decía su guitarrista/vocalista en uno de los descansos. La banda realizó un setlist con temas de casi todas sus etapas, aunque con un predominio de cortes directos más propicios de festival, que fueron los que mejor sonaron. Sigo pensando lo que otras veces que los he visto, es una banda que en estudio ofrece mucho más que en directo, quizá por razones de tiempo y setlist, aunque hicieron una más que correcta actuación.

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Pese a la mayor afluencia de público de la historia del festival fue muy fácil ver a Iron Maiden desde casi donde te diera la gana. Pasados unos minutos de las diez de la noche sonaron Ufo con su “Doctor Doctor” lo cual significaba que iba a empezar el concierto más esperado del día por la mayoría. El resultado fue el esperado por todos, una banda del tamaño de Maiden regalandose en un excelente estado de forma, muy compacta y con un Bruce Dickinson enorme, en un estado vocal incluso por encima de lo habitual en sus últimos años. A destacar que la banda presenta un renovado sonido de guitarras, al igual que en el último disco, en el que centraron su actuación, algo lógico aunque creo que si se dejaran algún tema sin tocar en favor de algún otro clásico nadie los hubiera masacrado. Por un lado me costó meterme en temas como Tears Of A Clown, aunque en el ecuador de la actuación con“The Trooper” y en la traca final -ya de noche- pude encontrarme con los Maiden 80’s en estado puro. El espectáculo y escenografía tan trabajado como siempre en la banda inglesa, y como punto negativo, por decir alguno, comentar que el volumen no contó con la potencia de otras bandas en ese escenario, algo que entiendo sucedió así para no comprometer una perfecta sonorización. Como siempre un lujo ver unas leyendas como Iron Maiden disfrutando sobre el escenario, con un Dickinson portando diferentes máscaras, Gers haciendo cabriolas con su guitarra o Eddie haciendo cortes de manga al público.

Uncle Acid and the Deadbeats son unos misteriosos ingleses que acabaron siendo una de las grandes revelaciones del festival. Tenía muchas ganas de verlos y no me defraudaron para nada, un sonido simplemente perfecto para acompañar ese doom psicodélico de clara influencia setentera. El humo constante acentuaba sin duda el aire misterioso y ocultista de la banda mientras desgranaban esos riffs saludos directamente del infierno. Su akelarre se consumó con éxito esa noche en Viveiro. En el Chaos Stage unos suecos sedientos de sangre esperaban sentados junto a su batería a que terminasen Iron maiden. Una vez sucedió, y casi sin un segundo de tregua, las bestias pardas de Entombed A.D. arrasaron con todo en el escenario. Comandados por LG Petrov, con una actitud y presencia escénica enorme, Entombed AD consiguieron defender con honores todos y cada uno de los temas que interpretaron, fuese cual fuese su etapa. Desde el Death primigenio de sus orígenes a su época Death N Roll todo lo que pasó por su batidora resultó aplastante, troglodita y homogéneo. La banda demostró disfrutar del concierto y el público se volvió absolutamente loco. Estas versiones bastardas -por razones legales- de grandes bandas suelen llevar un importante interrogante en la mochila, pero si por el concierto del Resurrection se les debe juzgar, tenemos que decir que los actuales Entombed AD de LG Petrov son los Entombed que siempre soñamos ver.

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Al pobre Abbath siempre le toca bailar con la más fea, si en Hellfest le tocó lidiar con problemas de sonido aquí tres cuartas de lo mismo. ¿La culpa? Pues a la hora que debía empezar aún había operarios de Iron Maiden retirando su escenario, por lo que Abbath empezó 15 minutos tarde y sin apenas probar sonido, algo que se notó, por desgracia. Hay quien dijo que Abbath salió borracho. Sí, siempre es así, y Abbath con alcohol en la sangre es mejor guitarrista y frontman que casi cualquiera que se te pase por la cabeza. Abbath con alcohol en la sangre sabe escupir fuego con la boca sin causar daño a nadie, y Abbath con alcohol en la sangre es lo suficientemente profesional como para abandonar el escenario si las condiciones técnicas no son lo suficientemente buenas para poder desarrollar su actuación. Por suerte y tras un leve parón la banda pudo concluir su acortado set, y aunque muchos tuvimos que rellenar mentalmente instrumentos o equilibrar volúmenes fue un buen concierto, que pudo ser memorable. Los temas más rápidos la verdad es que fueron devorados por un sonido de bombo infernal que lo tapaba todo, sin embargo los de medio tiempo fueron los que mejor se entendieron, especialmente Tyrants de Immortal o Warriors de su proyecto I, que se pudieron disfrutar perfectamente.

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Unos inmensos Graveyard dieron posiblemente no sólo uno de los mejores conciertos de Resurrection Fest este año, sino uno de los mejores de todas las ediciones del festival. De estas veces que hablar de música se queda corto, un maravilloso despliegue de gusto rockero, en una de las mejores actuaciones de este estilo que hemos podido disfrutar en muchos años. Si ya nos convencieron con su último disco -el cual presentaron ampliamente- habiendolos visto en directo para mí son ya reyes absolutos del Blues Rock actual. Intercambiaron temas veloces -como From a Hole in the Wall con el bajista como voz principal- con otros delicados -como la mágica Too Much Is Not Enough-, siempre con un sonido cristalino. No sabría decir cuál de los cuatro músicos es mejor, todos destacan y sobresalen, guitarras, bajo, voz y batería, formando en conjunto una auténtica máquina de poner la piel de gallina. Velocidad, delicadeza, precisión y feeling en un desbordante derroche de talento y buen gusto. Suculentos y orgásmicos, ni se te ocurra perdertelos. Con cara de felicidad fuimos al Ritual Stage a acabar el festival de la manera más loca, con la fiesta que montaban The Goddamn Gallows. Los de Detroit parece que vienen de tocar en una boca de metro, pero cuando los escuchas con atención te das cuenta de que además de payasos y guarros son unos músicos excepcionales. El punk rock gitano, circense y satánico que sale de sus acordeones, mandolinas, banjo y contrabajo es de un ritmo contagioso, y si pillas sitio adecuado te puedes unir con ellos a un fiestón único, aunque si te pones demasiado cerca puede caerte algún escupitajo con los que su percusionista/acordeon hace malabares antes de lanzarlos al respetable. Final del fiesta perfecto para un Festival inolvidable.

Nos veremos el año que viene con más de 100 bandas y 4 escenarios, como siempre Resurrection Fest: Más y mejor.

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Reseña realizada por Rafa Diablorock (http://diablorock.com/).
Fotografías gentileza de la producción del Resurrection Fest.



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