REVIEWS LIVE

01-02 JULIO - BARCELONA, ESPAÑA

BE PROG. MY FRIEND FEST 2016

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Tras una exitosa y oficiosa inauguración con la Be Prog! My Friend Pre-Party, dio inicio el primer día de festival, en el que pese a tocar los grupos menores, dio la sensación de que entró la misma cantidad de público que el año pasado.

El grupo que a priori más desentonaba con la tónica del festival, los rusos Iamthemorning, que fueron incorporados a última hora, acabaron acaparando la atención del público y saliendo vencedores en cuanto a la propuesta más original.

ASPECTOS GENERALES

Por fin llegó el gran día y arrancaba la tercera edición de nuestro festival favorito. Y por supuesto, Guitar Xperience no iba a perdérselo. La noche anterior visitamos la sala RockSound para disfrutar del arte de Quaoar y Moonloop en la Be Prog! My Friend Pre-Party y menos de veinticuatro horas después estábamos en el Poble Espanyol, donde el clasicismo se daría la mano con la vanguardia más contundente y metalera, y donde nos esperaban dos días de buena música, gran ambiente y abundante calor.

Muchas peticiones en las redes sociales, rumores, teorías, etc., hasta que llegó la fecha en la que se anunció el cartel definitivo. La primera impresión fue de que Madness Live! Productions había tirado por lo fácil: Opeth, cabezas de cartel primer año, volvían a serlo ahora, y Steven Wilson, todo un seguro de vida para cualquier promotor que lo pueda traer, volvía a Barcelona apenas un año después de su última visita. Y además, ambas formaciones hacen una música que atrae a una legión de fans, a los cuales no les importa repetir una y otra vez (seguro que tienes a algún amigo que ha visto más de diez veces a Iron Maiden y cada vez se siente como si fuese la primera).

Sin embargo, tampoco es tan fácil armar un festival y menos cuando hay que pensar en los grupos de primera división que puedes traer. Porque una cosa es querer y otra poder. Y no es lo mismo aprovechar que un grupo ya está de gira a conseguir que sus miembros muevan el culo del sofá y vengan a un festival en la otra parte del mundo, por mucho que les paguen. Así que a veces hay que conformarse con lo que esté disponible, aunque lo acabes de ver hace dos días.

Pero y con todo eso, volver a ver a Opeth y Steven Wilson es todo un placer, así que mucha queja no hay al respecto. Y por cierto, no, por más que lo pidas, Madness Live! Productions nunca traerá a Rush a España. Ni ellos ni nadie. NUNCA. Asúmelo ya y sé feliz, my friend.


VIERNES 01 DE JULIO

Exxasens

Bajo un potente calor y un público que aún estaba entrando (dichosa manía de todos los festivales de abrir media hora antes que el primer grupo), hacían acto de presencia los catalanes Exxasens, una formación que practican post rock instrumental y que lo hace francamente bien.

Por norma general, me siento dividido con el post rock. Es un estilo que permite crear ambientes de ensoñación y que te transporta a otros mundos, al estilo de la música new age. Y si se disfruta en un entorno íntimo como una pequeña sala y no a pleno sol a treinta y cinco grados, la experiencia suele ser muy grata. Pero lo malo es que el post rock, tal y como está concebido, para conseguir esos pasajes evocadores lo hace a base de repetir esquemas y melodías. Es decir, que muchas canciones son un bucle instrumental que se dedican a repetir sus autores hasta la saciedad. Pocos grupos en mi opinión se salvan del estilo, como God is an Astronaut, Mono y estos chicos que abrieron la velada: Exxasens.

El grupo salió con ganas y beneficiado de un sonido excelente y de un buen juego de luces, algo que sorprendió debido a ser de día todavía y que estábamos con el primero de los conciertos. Además, fueron los que mejor supieron aprovechar la pantalla gigante de la parte trasera del escenario. Varios grupos hicieron uso de ella, pero estos chicos tenían la música perfectamente sincronizada con el vídeo, haciendo, por ejemplo, que en un momento dado ciertos acordes de guitarra dieran la sensación de que distorsionaba la imagen.

De su último lanzamiento, “Back to Earth”, pudimos escuchar “Supernova”, “My hands are planets”, “Hugeness” y “Bright side of the Moon”, que acompañaron a temas más antiguos como “Rocket to the sky”, “Your dreams are my dreams”, “Eleven miles” y “Saturn” —ésta última con la colaboración de Bruce Soord, cantante de The Pinnaple Thief—, para volver a su último disco con el tema homónimo, “Back to Earth”.

Excelente concierto y en mi opinión de lo mejor del festival. Además, no sólo aprovecharon de la mejor manera posible la espectacularidad de la pantalla trasera, sino que su guitarrista, Jordi Ruiz, fue el que mostró mejor sonido de todos los guitarristas que pasaron por allí. Y no hablo del sonido de P.A., sino del propio sonido del guitarrista, que en ciertos momentos recordaba a The Edge de los U2.
Lamentablemente, la banda también mostró al músico con menos glamour y presencia escénica de todo el festival, el teclista Sergio Ledesma, lo cual no fue un impedimento para que su interpretación, al igual que la de sus compañeros fuera perfecta.

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Obsidian Kingdom

Segunda banda del festival y segunda banda barcelonesa.

Muchas, pero muchas ganas tenía de verlos en directo. En especial porque este servidor, ya tiene el culo pelado de escuchar música y asistir a conciertos, tenía la mosca tras la oreja. Y es que de Obsidian Kingdom se ha hablado mucho y bien. De hecho, demasiado y todo.

Y es que la prensa —inclusive prensa extranjera— y los aficionados se deshacen en elogios con esta formación. Esto no tendría nada de raro si fuesen extraordinarios, que no lo son. Yo ya había escuchado bastante sobre ellos, pero no los había visto aún en directo. Y si bien musicalmente me resultaban muy interesantes y atractivos, no me parecían la octava maravilla del mundo como así lo hacen parecer la prensa y los fans, a lo cual contribuye el hecho de la gran cantidad de conciertos que suelen hacer por Europa (de lo cual me alegro).

Obsidian Kingdom mezclan metal progresivo contundente con algo de post rock y metalcore. El resultado es dinámico, potente y variado, sin embargo, la cantidad de referentes que surgen al escuchar su música te hace ver que muy originales no son. O sea, lo hacen muy bien, pero a mi personalmente me dejaron un poco frío. Salieron con ganas y aún así no me acabaron de entrar. Quizás tuviera la culpa la meterología, de lo cual hablaré en el apartado de conclusiones al final del artículo del próximo viernes, porque ya está bien de que los grupos y los asistentes tengamos que cocernos en festivales diurnos.

Volviendo al concierto, dieron un buen repaso a temas de su último trabajo, “A year with no summer”, con “The Kandinsky group”, “Darkness”, “10th april” o “A year with no summer”. De todos modos, también pudimos escuchar temas más antiguos de su disco debut, “Mantiis”, como “Last of the light”, “Haunts of the underworld”, “Endless wall”, “Black swan” y “Away/Absent”, que sirvió como potente final.

También le dieron un buen uso a la pantalla gigante, cosa que se agradece, ya que las imágenes ayudaron a enfatizar ciertos pasajes del concierto. A nivel de sonido, también tuvieron suerte de tener a un técnico competente, porque ya sabemos que los teloneros o los primeros grupos de un festival siempre sirven para dar los últimos retoques, pero en esta ocasión sonaron muy bien. Aunque hay que matizar. Todos los instrumentos sonaban equilibradamente, con la posición correcta en el panorama stereo, una ecualización correcta, un volumen correcto, sin que ninguno tapara a otro. Hasta ahí bien y la labor del técnico fue impecable. El principal problema vino cuando la guitarrista Eaten Roll I tocaba algún solo, ya que el sonido era exasperadamente feo. Y es que parece mentira que de un cabezal Blackstar, un amplificador Marshall y una guitarra Paul Reed Smith (más una pedalera que imagino también sería de altos vuelos) pudiera salir un sonido tan horrible.

Sin virtuosismos, la señorita Roll I es una solista competente, así que no es una cuestión de manos, pero con semejante equipamiento, no entiendo que aquello sonara en los solos a guitarra de juguete.

En fin, tampoco quiero juzgarlos duramente porque cualquiera puede tener un día malo, y actuar de día con un sol tan bestia cegándoles no debe ser fácil, pero me resulta chocante la opinión tan positiva de todos los medios respecto a su actuación en este Be Prog! My Friend, cuando yo y casi todos con los que he hablado coincidimos en que no fue una actuación como para echar cohetes.

No obstante, me quedo con ganas de volverlos a ver, eso sí, fuera de festivales y en una sala donde puedan desarrollar todo un set-list completo, para comprobar si son la revolución que todos afirman o no.

Por el momento tengo la imagen de que son un grupo correcto pero del montón, y estoy con ganas de comerme mis palabras y asistir a un concierto suyo que me demuestre lo equivocado que estoy.

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Iamthemorning

Desde Rusia llegaba el dúo Iamthemorning, incorporación de última hora al festival cuando el cartel ya estaba cerrado; y es que tras el traslado de los grupos del primer día de Apolo al Poble Espanyol, la organización vio que el cartel quedaba algo corto y había que añadir a algún grupo más.

El dúo manifestó sentirse honrados por la invitación, pero también sorprendidos y temerosos de la reacción de la gente ante su música, ya que se consideran un grupo de rock de cámara; esto es, que con instrumentos de música clásica —violines, violonchelos, flautas, piano y la ocasional intervención de algún baterista—, crean una música que mezcla folk celta, música clásica, new age, jazz y rock (estos dos últimos estilos en menor medida).

Es cierto que en su propuesta no aparece ni por asomo el rock progresivo (igual que sucedió en la edición del año pasado con Robotporn, o en esta, con el cierre a cargo de Textures), pero su estilo proporciona al oyente relajación, evocación de paisajes sonoros oníricos y ambientes de una gran belleza, lo cual, en cierto modo, es uno de los objetivos del post rock, por tanto, no están tan alejados del rock progresivo como en un principio podría parecer.

Al igual que ellos no tenían claro cómo iba a responder el público, también pasaba lo mismo con éste; sin embargo, sólo había que ver las embelesadas caras de los asistentes y el hecho de no oírse ni un murmullo, cuando algunas de sus canciones eran muy calmadas y sosegadas (lo cual acostumbra a invitar a los energúmenos de turno a hablar como cotorras), para comprobar que gustaron y que su música tiene algo hipnótico y que atrapa.

Y el 75% por ciento de culpa de que sucediese esto lo tiene la bella Marjana Semkina, quien descalza, con algunas rastas en la cabeza, moviéndose por el escenario con la gracilidad de una bailarina clásica y cantando con voz de ángel, proyectaba la imagen de un hada hippy de la cual es imposible no enamorarse perdidamente.

Aunque sería injusto no otorgar el resto del éxito del concierto a Gleb Kolyadin, la otra mitad del dúo, virtuoso pianista, compositor de la música y el genio a la sombra.

Así que con un gran calor reinante pero un sol que ya se había escondido, aparecieron Iamthemorning, acompañados por un violinista, un violonchelista y un batería. Dado que esta era su primera vez en España, optaron por un set-list que mostrara sus tres trabajos editados hasta el momento —“Iamthemorning”, “Belighted” y “Lighthouse”— en vez de centrarse en este último aparecido hace pocos meses. De este modo pudimos disfrutar de temas como “To human misery”, “Clear clearer”, “Too many years”, “KOS”, “5/4” o “Chalk & coal”.

Pese a la uniformidad de la canciones (lo cual hace difícil elegir una favorita) el concierto no se hizo monótono. A ello contribuía la capacidad hipnotizadora de Marjana, que se trasladaba no sólo a su bonita manera de cantar, sino a una embriagadora simpatía a la hora de hablar entre tema y tema, como lo emocionada que se sintió cuando un asistente le lanzó un ramo de flores, o cuando, diccionario en mano, explicó que está estudiando español y se atrevió a recitar el refrán de los “tres tristes tigres”; aunque alguien debería haberle dicho que para comenzar a estudiar español no hace falta irse a algo tan avanzado que incluso a muchos españoles les cuesta pronunciar.

El grupo también ayudó al éxito del concierto, con unas interpretaciones sublimes, en unas composiciones que pese al aire relajado de la música, también poseen una una gran complejidad instrumental.

En definitiva, sorprendente, original y de lo mejor del festival.

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Agent Fresco

Los islandeses eran una de las bandas, que a tenor por los comentarios vertidos en redes sociales semanas antes, la gente tenía más ganas de ver, incluso por encima de los nombres más mediáticos. Personalmente no los conocía, y como suelo hacer cuando acudo a un festival, prefiero no investigar para no ir con ideas preconcebidas y escuchar qué tienen que decirme.

Con un sonido semejante a Leprous y Haken, esto es, un rock progresivo de corte moderno, con elementos de post rock, metal alternativo, algunas estructuras poperas y un toque comercial que lo hace muy agradable de escuchar, se presentaban los Agent Fresco en el escenario, liderados por el vocalista Arnór Dan Arnarson.

Debo admitir que me costó bastante entrar en su propuesta. El grupo tocaba de forma impecable pero de una manera muy fría, a lo que contribuía un sonido algo confuso que desentonaba con lo bien que se habían escuchado los anteriores conciertos y un Dan Arnarson en modo postureo rockstar (actitud que no abandonaría en ningún momento) que daban ganas de pegarle un collejón. Tampoco ayudaba su voz de pito, más semejante a ciertos cantantes actuales de pop y soul y a la cual cuesta encontrarle el punto.

Sin embargo, es cierto que el sonido mejoró y el grupo fue encontrando su sitio, hasta el punto de crecerse en la segunda mitad de su set y terminar realizando una excelente actuación.

“Anemoi”, “He is listening”, “Howls”, “Destrier”, “Pyre”, “A long time listening”, “See Hell”, “Angst”, “Dark water”, “Eyes of a cloud catcher” y “The autumn red” fueron temas coreados desde el principio por un público enfervorecido que parecía haberlos aupado a la categoría de cabezas de cartel.

Hay que destacar el hecho comentado por el vocalista en un momento dado, de que en ese momento padecía neumonía y que habían estado a punto de cancelar el concierto. No sé si fue un modo de ganarse al público, porque el común de los mortales coge un simple resfriado y ya le cambia la voz, y una neumonía viene a ser como cien resfriados de golpe, y en ningún momento hubo un amago de voz o de desafinación. Vamos, que cantó de muerte. Sin embargo, si que hubo un amago de dejar de lado su pose de rockstar cuando se bajó del escenario y se internó entre el público a cantar con ellos; un bonito momento de comunicación e interacción músico-público.

Buena actuación que fue de menos a más y que me dejaron con muchas ganas de volver a ver esta banda en nuestro país, y que además permitió disfrutar del que fue uno de los mejores bateristas, sino el mejor, de todo el festival: Hrafnkell Örn Guðjónsson.

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The Pineapple Thief

Y tras el consiguiente cambio de backline, era el turno para el último concierto de la noche, protagonizado además por una de las bandas más veteranas del festival, ya que llevan en activo desde 1.999 y han editado catorce álbumes.

Hicieron una demostración de rock progresivo y rock alternativo con toques de pop rock al estilo de los Agent Fresco, sonaron y tocaron de forma elegante y casi impecable y gozaron de un juego de luces de lo más espectacular y su logo en la pantalla, aunque algo estático, estaba muy elaborado. Sin embargo, aun cuando la mayor parte de la prensa y fans se han desecho en elogios respecto a su actuación, a mi me dejaron algo frío.

En primer lugar, su puesta en escena parecía en exceso estudiada, todo demasiado perfecto y sin improvisaciones. En segundo lugar, el concierto fue como he dicho antes casi perfecto, tanto, que acabó siendo lineal, sin sorpresas. Y en tercero, y es ahora cuando las hordas de fans querrán matarme, su propuesta bebe de bandas megacomerciales como Muse, y aunque tenga su toque de rock progresivo, creo que el hábitat natural de esta formación es más un Primavera Sound que no un festival progresivo. No hay duda de que el público indie y gafaspasta tendría a bien acoger al grupo y auparlo hasta convertirlos en megaestrellas como Muse, porque lo tienen todo para triunfar a nivel masivo y raro es que no lo hayan conseguido ya.

De todas formas, da igual lo que opine, porque el público, que en ese momento llenaba la plaza y ya había conseguido superar el número de asistentes del año pasado, disfrutó como loco del concierto, y tal y como sucedió con Agent Fresco, coreó las canciones desde el primer minuto.

Se agradece el detalle de comenzar con un temazo como fue “Wake up the dead” , a la que seguirían otros cortes como “Wake up the dead”, “Alone at sea”, “All the wars”, “Simple as that”, “Remember us”, “Magnolia”, “Reaching out”, “Snowdrops” y “Nothing at best”, todos ellos muy aplaudidos.

Como he dicho en varios momentos en referencia a su labor sobre el escenario, fueron “casi” perfectos. Y es que el casi hace referencia a la labor del baterista Keith Harrison. El grupo incorpora elementos de música electrónica y percusiones sampleadas y cerca del final de la primera canción, uno de estos samples de percusión fue disparado cuando no debía, haciendo que sonaran dos ritmos de batería diferentes y que Harrison, lógicamente, se equivocara. Sin embargo, esto que fue un fallo perdonable, debió de poner nervioso al baterista, porque en varios temas tuvo problemas con el ritmo, adelantándose a lo que tenía que tocar. La gente no pareció percatarse, pero un baterista tan veterano no puede permitirse algo así.

Salvo estos errores, fue un concierto impecable pero estudiado, sin sorpresa, demasiado diseñado al milímetro y con una propuesta que habría encajado más en otro tipo de festival.

Una fría manera de finalizar el primer día de festival, pero en cualquier caso salí con la alegría de haber visto algunas buenas bandas con buen sonido y un público que en el supuestamente “día flojo” parecía haber superado la asistencia de la edición anterior.

SÁBADO 02 DE JULIO

El segundo día congregó a todavía más gente que el “Welcome day”, deseosa de ver a los cabezas de cartel. Steven Wilson se consolidó como el incuestionable gurú del rock progresivo actual.

Tras una perfecta pre-party y un primer día —o “Welcome day” con muchas luces pero algunas sombras, llegamos al segundo día de festival. Un día en el que la organización echó el resto con las bandas más importantes, y que congregó a una mayor cantidad de asistentes. Vamos a ver que pasó.

The Gentle Storm

El segundo día comenzó con un calor y sol aún más brutales que el día anterior. También comenzó con la apertura de puertas sólo medía hora antes y mucha gente perdiéndose una parte de la actuación de la primera banda (menos mal que en esta ocasión había estado haciendo cola tres horas antes).

Sin la participación del creador y compositor principal del grupo, Arjen Anthony Lucassen, y con el nuevo liderazgo de nuestra holandesa favorita, la banda cambió de nombre reconvirtiéndose en Anneke Van Giersbergen presents The Gentle Storm, aunque más bien debería de haberse denominado Anneke Van Giersbergen & Stream of Passion, pues tres de los miembros que se han incorporado a esta gira —el bajista Johan Van Stratum, la cantante Marcela Bovio —la cual también colaboró en otro proyecto de Lucassen, Ayreon— y el teclista Joost van den Broek— pertenecen a esa banda de metal gótico, que, a modo de curiosidad, también fue creada por Lucassen y “abandonada” por él tras un impresionante primer L.P., y que ha continuado sin la guía de su fundador grabando hasta el momento tres excelentes discos.

El concierto se inició de forma muy potente, con “Endless sea”, “Heart of Amsterdam” y “Storm”, pero aunque el grupo lo daba todo, podíamos ver como Anneke lo pasaba realmente mal. El sol era molesto y el calor sofocante, y la holandesa fue la músico que peor lo pasó de todos los que intervinieron en el festival. Incluso hubo un momento que dijo entre sonrisas, que estaba a punto de morirse y que sólo a ella se le podía ocurrir actuar con pantalones negros.

Lo cierto es que no era un comentario gracioso sino que lo decía en serio, porque en los momentos en los que no cantaba y tenía que moverse en plan rockera, se le veían los gestos de esfuerzo y cansancio, y en varias ocasiones se refugió en la tarima trasera sobre la que hacía coros Marcela Bovio, para ocultarse del sol.

Tras esos tres temas, que pese al asunto de temperatura sonaron perfectas, vino “Brightest light”, y a partir de ahí, varias versiones a cual más espectacular: “Isis and Osiris” de Ayreon, “Witnesses” de Aqua de Annique, “Strange machines” de The Gathering —estas dos últimas son formaciones en las cuales ha militado la vocalista— y la muy celebrada “Fallout” de Devin Townsen Project.

Y para finalizar, un nuevo tema de The Gentle Storm llamado “Shores of India”.

Durante el concierto pudimos oír gran cantidad de samplers de teclado y orquesta, por lo cual se echó en falta la inclusión de un teclista en la banda.

Quien dio mucho juego fue Marcela Bovio. No sólo sus coros eran magníficos, sino que hubo momentos en los que pudo lucirse en duetos con Van Giersbergen o en solitario. Y lo cierto es que todo el que haya oído su trabajo con Stream of Passion, sabe que podría liderar perfectamente a The Gentle Storm. Con mucha técnica vocal, gran capacidad de interpretación y un tono de voz hermoso, hubo algunos momentos en los que consiguió eclipsar a su “jefa”.

En definitiva, aún con el malestar que tenía encima Van Giersbergen, consiguió superar el trance y entregarnos junto al resto de sus compañeros una actuación alucinante, y que cómo no, esperamos que se repita en un entorno más adecuado (y si es con Arjen Anthony Lucassen, mejor que mejor).

Sólo una pega, que aún así no consiguió empañar un excelente concierto: el bajo volumen de Anneke, que habría estado bien que hubiese sido un poco más alto.

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Between The Buried And Me

Los norteamericanos se encargaron de satisfacer las ansias de los aficionados a sonidos contundentes, pero también de los aficionados a las seis cuerdas, ya que su guitarrista Paul Waggoner fue el más virtuoso del festival, no sólo en cuestión de solos de guitarra, sino en las partes rítmicas también; y consiguiendo además un sonido brutal con guitarras de seis cuerdas nada más, y eso que en el estilo del grupo encontramos algo de math metal y djent.

Con el carismático Tommy Rogers al frente, la banda descargó toda la brutalidad de que son capaces, pero también la melodía, aunque también es cierto que al vocalista se le vio un poco forzado en algunos guturales.

El último disco de la formación, “Coma ecliptic” apareció el año pasado, y en contra de lo esperado, tampoco le dieron tanta importancia dentro del set-list, así que se centraron más en su anterior, el exitoso “The parallax II: Future sequence”, álbum al que le deben de tener mucho cariño, a tenor de lo visto.

Iniciaron el concierto con “The coma machine”, para continuar con “Informal gluttony”, “Extremophile elite”, “The ectopic stroll”, “Telos”, “Bloom” y “Selkies: the endless obsession”. Un set-list algo breve pero con canciones de bastante duración.

Muy técnicos y contundentes, el grupo aprovechó al máximo la hora que tenían asignada y se lanzó a por todas, aun a riesgo de que alguno de sus componentes pudiera sufrir un infarto debido del calor reinante, y temas como las magistrales “Telos” o “Selkies: the endless obsession”, de una notable dificultad técnica, sonaron de fábula.

Sin embargo, tras escucharlo, me vino a la cabeza el hecho de que los grupos de metal progresivo de hoy en día parece que no puedan serlo sino introducen elementos de death metal y voces guturales, que pueden echar para atrás a mucha gente. Hoy en día parece que no pueden aparecer unos Symphony X, y que cualquier grupo que quiera hacer metal progresivo ha de empaparse de la discografía de Deicide u Obituary y rizar el rizo sonando lo más bestia posible.

Esto pasa con Between the buried and me, aunque hay que reconocer que junto a Opeth, saben combinar la parte más destroyer junto a pasajes más tranquilos —con ocasionales toques de jazz— y un desarrollo bien progresivo.

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Magma

Y llegamos a uno de los momentos clave. Uno de los momentos por los que vale la pena asistir y por la que el Be Prog! My Friend tiene sentido: poder ver una propuesta creativa, compleja y experimental; el progresivo en estado puro.

No obstante, con Magma se ha producido un hecho que personalmente, con perdón, me ha tocado las bolas. Y es que de repente, todo el mundo conocía a Magma, todo el mundo era fan suyo y todo el mundo los adoraba. Y por supuesto, muchísima gente comenzó a quejarse en las redes sociales del hecho de que tocasen sólo una hora y no fuesen considerados cabezas de cartel. Hasta tal punto llegó la cosa, que el responsable de redes sociales del festival tuvo que precisar que ser un grupo de culto no es equivalente a ser atractivo para todo el público.

Y es que cualquiera diría que una banda que lleva en activo desde 1.969, tiene editados entre álbumes de estudio, directos y recopilatorios más de treinta títulos, y ha creado siete spin-offs con miembros y ex miembros que han ampliado su personal universo, ha de ser famosa a la fuerza. No necesariamente, y es que no ayuda nada el hecho de haber creado un subgénero propio dentro del rock progresivo, el denominado zeuhl, mezcla de rock progresivo, rock psicodélico, jazz, free jazz, avant garde, new age y música clásica contemporánea —teniendo como máximos referentes a John Coltrane, Soft Machine, Frank Zappa e Igor Stranvinsky—, ni englobarse dentro de la corriente RIORock In Opposition—, ni que todos los álbumes sean conceptuales, clasificados en tres grandes arcos argumentales, y que la premisa sobre la que giran todos ellos sean las vicisitudes de un grupo de refugiados que escapan de una Tierra moribunda y se instalan en Kobaïa, un planeta ficticio. Y por supuesto, aún menos ayuda a que Magma sea una banda famosa el hecho de cantar en un idioma inventado, el kobaïano.

Con todo ello, y con perdón nuevamente, a Magma no los conocía ni su puta madre. Y el que los conociese, es casi seguro que no disfruta con su música, porque aquí estamos hablando del rock progresivo en todo su esplendor, con todo lo que ello conlleva de experimentalidad y rareza. Y lo vivido en las redes sociales respecto a este grupo francés sólo puede calificarse como progstureo.

Y dicho esto, con algo de retraso por un cambio de backline más complicado de lo habitual —estamos hablando de un grupo de ocho miembros— apareció Magma sobre el escenario, con el batería y fundador del grupo, Christian Vander al frente, quien pese a su edad dio una continua masterclass de técnica baterística al máximo nivel.

El concierto comenzó a lo grande, con la suite “Theusz hamthaak”, una brutal composición de más de media hora de duración en la que aparecen todos los ingredientes del zeuhl y que tiene una gran utilidad: si resistes escuchándola y te gusta, ya tienes todos los puntos para que disfrutes de la música de los franceses.

“Theusz hamthaak” mostró a un grupo muy compacto, haciendo fácil algo muy difícil y en el que sobresalía el gran Vander, quien parecía dirigir al grupo como si fuese un director de orquesta. Pero también hay que reconocer que en el aspecto onírico y las sensaciones que proporcionan algunos pasajes tienen mucho que ver los tres vocalistas, Stella Vander, Isabelle Feuillebois y Hervé Aknin.

Debido a que al cambio de backline se alargó más de la cuenta, no pudieron tocar “Mekanïk destrukïw kommandöh” —otro tema de larga duración que ronda los cuarenta minutos, aparecido en el álbum homónimo de 1.973 y troceado en siete partes por la compañía discográfica—, tal y como explicó Aknin, y no querían que quedase cortado. Por lo tanto, optaron por tocar “Zombies” y “Kobaïa”.

Con elementos de jazz, new age y Frank Zappa, hay que reconocer que su concierto no fue tan arduo de escuchar, pese a todo el aire de experimentalidad de la música. A ello ayudó la innegable pericia instrumental de todos los componentes, la sensación de “no sé qué puñetas estás haciendo, pero me gusta” y el perfecto sonido.

Magma salieron triunfantes aún siendo la propuesta más rara y extrema del festival, entre sonoros aplausos tanto por parte de los que los conocían como los que los descubrían por primera vez. No sé si algún día se sabrá la verdad respecto a la leyenda urbana que está corriendo estos días, que dice que el grupo ha actuado en el festival por mediación —algunos hablan de imposición— de Steven Wilson. Aunque lo cierto es que poco importa de qué manera hayan venido, lo importante es que lo hayan hecho y que algún promotor sea valiente y los traiga de nuevo, y que no tengamos que esperar casi cincuenta años para volverlos a ver.

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Opeth

Llegaban las 21:00 y todavía de día pero sin sol, hacían acto de presencia el grupo sueco más famoso de la historia con permiso de ABBA, los señores Opeth. Con su líder, Mikael Åkerfeldt, alias “Miguelito” al frente —tal y como el público le llamó en múltiples ocasiones—, armado con una preciosa Paul Reed Smith color burdeos, volvía a Barcelona y al mismo festival, pero esta vez compartiendo el hecho de ser cabezas de cartel.

En esta crónica sé que voy a pecar de poco neutral (bueno, ninguna opinión es neutral, pero ésta lo será aún menos). Diversas personas con las que he conversado afirman que estuvieron muy fríos, que Mikael cantó regular, que hicieron lo justo sin entregarse y que les afectó el que una parte de show fuese de día. En cambio, a mi me pareció todo lo contrario, debido a que en su anterior visita apenas había escuchado su música, y ahora, con los “deberes hechos”, pude reconocer los temas que tocaron y disfrutarlos, cosa que la otra vez no hice.
De todas formas, si algo les puede dar la razón a estas personas, es que a mitad de concierto, el mismo Mikael se disculpó de su bajo rendimiento por dos motivos:

    Que le imponía mucho tocar después de Magma.

    Tenía un tremendo resfriado y sólo podía cantar al 30%, aunque haciendo gala de su buen humor, también dijo que no pasaba nada si se equivocaba y sonaba raro, porque al fin y al cabo estaban en un festival de progresivo.

De forma previsible (lo cual tampoco es negativo), comenzaron con “Cusp of eternity” de su último disco hasta la fecha, “Pale communion”. Lo que no fue tan previsible es el hecho de que pese a que la formación está abandonando su faceta más death y burra, y por tanto, también los guturales, en pro del metal progresivo, ese primer tema fuera el único que tocaron del último disco.

Pero tampoco sería la única sorpresa, ya que Mikael anunció que tocarían un adelanto de “Sorceress”, el nuevo álbum de la banda que del está anunciado su lanzamiento para septiembre. El adelanto no fue una canción completa, sino un simple acorde que aseguró podría escucharse en una de las canciones, lo cual recordó al juego que se traen cada vez que versionan “You suffer” de Napalm Death —canción que no llega a los dos segundos y que tiene el récord Guiness dela canción más breve de la historia—.

Y así, entre temas como “The lepper affinity”, “Godhead’s lament”,To rid the disease”, “The lines in my hand”, “Heir apparent”, “The Devil’s orchard”, “Demon of the fall”, “The grand conjuration”, “Deliverance”, “The leper affinity” o “Feel the dark”, el vocalista siguió demostrando que es el frontman más bromista y hablador de la actual escena del metal, a pesar de su tono siempre serio y su forma de hablar pausada.

De hecho, antes de tocar “The Devil’s orchard” pidió perdón porque pertenece a “Heritage” y sabe que es disco más odiado por los fans de Opeth.
También se mostró muy cachondo por la cantidad de veces que la gente le llamaba “Miguelito”, a lo que contó la anécdota de que a su compañero bajista, el uruguayo afincado en Barcelona, Martín Méndez, también le pusieron un apodo hasta que consiguieron recordar como se llamaba en realidad.

En fin, ver a Opeth en directo, pese a que son una banda que arrastra masas y que sin duda, se les ha de considerar como uno de los mitos del metal actual, tiene mucho de colegueo. Aunque estés rodeado de cinco mil personas, parece que estés en el ensayo de unos colegas. Esta implicación de la banda con el público hace que se les coja un enorme cariño, aunque luego te descarguen una burrada gutural y te hagan sangrar los oídos. Pero nadie tiene colegas perfectos, y a un colega se le perdona todo.

En mi opinión, gran concierto, muy buen set-list, virtuosismo instrumental y un frontman genial. Inmejorable.

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Steven Wilson

El segundo cabeza de cartel del festival y el nombre más importante de todos fue Steven Wilson, el cual, pese a tener una impactante discografía con Porcupine Tree, en los últimos tiempos ha afianzado su propia carrera hasta el punto de que su popularidad y prestigio está superando al de la mítica banda. Y es que realizar algunos de los mejores discos de progresivo de los últimos años con unos músicos de excepción también ayuda lo suyo.

En esta ocasión tampoco voy a ser muy neutral, tal y como sucedió con la crítica de Opeth. Y es que yo solamente lo había visto junto a Porcupine Tree en el Sonisphere de 2.010, así que su actuación me supo a gloria. Pero claro, también entiendo que los que asistieron a la gira del año pasado les supiera mal encontrarse con un set-list prácticamente idéntico.

No obstante, ello no quita mérito ni calidad a canciones como esa maravilla de rock progresivo setentero que es “First regret / 3 years older”, la emotiva “Hand.Cannot.Erase” o la mal rollera “Routine”, con proyección de su videoclip en la pantalla gigante.

Pese a las dos horas programadas de tiempo —que al final se redujeron a más o menos una hora y cincuenta minutos—, el set-list tras los tres temas mencionados siguió siendo magistral, con temazos como “Home invasion”, “Lazarus”, “Ancestral”, “Index”, “Don’t hate me”, “Regret #9”, “Happy returns”, “Harmony korine”, “Ascendant here”, “Vermillioncore”, “The sound of Muzak” y un final épico y perfecto con “The raven that refused to sing”.

Como es habitual, Wilson se mostró un tanto parlanchín entre tema y tema, aunque sin llegar al nivel del cantante de Opeth, e hizo referencia a la muerte de Prince y David Bowie, a los que les dedicó “Lazarus“, la versión que tocaron de Porcupine Tree. Da la casualidad de que “Lazarus” es también el nombre de una canción perteneciente a “Blackstar”, el disco póstumo de Bowie, y que el fallecido cantante fue quien sonó como música de fondo por los altavoces de P.A. minutos antes de comenzar este concierto.

Los músicos también tocaron de una forma sobrecogedora. No llegarían al nivel de técnica de los franceses Magma, pero casi, y en interpretación estuvieron sublimes. Difícil destacar a alguien, aunque Adam Holzman al teclado sin duda protagonizó varios de los mejores momentos del concierto. Y por supuesto, Guitar Xperience no podía pasar por alto las evoluciones del muy rockero guitarrista Dave Kilminster y el excéntrico Nick Beggs, extraordinario stickista y bajista y que tras comenzar en el synth-pop ochentero con la banda Kajagoogoo —liderada por Limahl y posteriomente renombrada como Kaja al ponerse Beggs al frente—, ha acabado siendo abducido por el rock progresivo y trabajando para Steven Hacket y Steven Wilson.

El rubio bajista al cual se le echaron de menos sus famosas coletas, tocó de maravilla el bajo tanto a dedos como a púa, y también pudimos disfrutar de su gran técnica de tapping cuando usó el chapman stick.

Y en cuanto a sonido e iluminación pues ninguna queja. Sonido perfecto e iluminación que junto a las imágenes de la pantalla, lograban enfatizar las sensaciones de las canciones.

Si no lo era ya, tras esta actuación, Steven Wilson se ha erigido como el actual gurú del rock progresivo, y sólo queda la duda de saber si será capaz de mantener un nivel de calidad tan antinatural como el de su discografía.

BE10

Textures

Y llegamos al final del festival con la actuación de los holandeses Textures. Personalmente me encantaron, y mucho. Es el tipo de metal moderno que me gusta: ultrapotente pero limpio. Nu metal, metalcore y todas las tendencias actuales en el heavy metal. El legado de Slipknot y Fear Factory. Pero eso sí, progresivo nada de nada. Hablar de Meshuggah y su inclusión en la edición del año pasado dio y sigue dando lugar a un interminable debate sobre si hacen o no metal progresivo, puesto que hay elementos para la duda. Pero se mire como se mire, con Textures no hay discusión posible (igual que sucedió con los encargados de cerrar la mencionada edición tras Meshuggah, los españoles Robotporn), NO HACEN ROCK NI METAL PROGRESIVO. Y punto.

Respecto a su actuación, lo suyo fue una auténtica putada. Y no porque lo hicieran mal, ni mucho menos. Pero finalizar el Be Prog! My Friend con “The raven that refused to sing” de Wilson habría sido perfecto ya que sólo se le puede definir como uno de los mejores temas compuestos en los últimos años. Y habría sido un final emotivo y que habría hecho que saliésemos del recinto del Poble Espanyol flotando, en paz con el mundo, sintiendo la energía del universo y con una sonrisa de oreja a oreja que duraría hasta el Be Prog! del próximo año.

Habría sido lo más parecido a volver a sentirte como si tuvieras cinco años y estuvieses en la cama en una noche fría, y que tu madre te arropase y te diese un besito en la frente. Pero no. A la 1:50 de la madrugada salen estos animales, los cuales además no se cortaron por el hecho de que más de la mitad del público huyera en desbandada. Es más, debieron de pensar “que se jodan los que se han ido”, porque salieron a por todas y lo dieron todo en su hora y diez minutos de tiempo asignado. Me atrevería a decir que casi fue el grupo con más ganas y actitud de todos.

Pero claro, he hablado del besito materno y la conexión cósmica. ¿Y qué pasó? Que no hubo nada de eso, ya que tras la relajación vino la excitación de nuevo, y con toda la gente y yo mismo que queríamos más caña. Fue tan intenso lo de este grupo que a las 2:58 un numeroso grupo de asistentes ¡¡estaban haciendo pogos y walls of death!!

Vamos, que la organización mete en ese momento tres grupos más y todos tan contentos. Pero como digo, habría sido espectacular salir levitando y tranquilos con esa maravilla de Wilson, que no excitados y en plan coitus interruptus porque después de Textures no había nadie más.

La banda presentaba su último trabajo, “Phenotype” con el vocalista Daniel De Jongh al frente, el cual se portó como un excelente frontman, con carisma, cantando a la perfección y sabiendo animar al público para que la energía no menguase.

“One eye for a thousand”, “New horizons”, “Shaping a single grain of sand”, “Illuminate the trail”, “Regenesis”, “Awake”, “Singularity” y “Laments of an icarus” fueron temas que dejaron claro que tanto a nivel de composición como en directo, esta banda es una de las mejores experiencias que hay en la actualidad si hablamos de metal contundente. Pero eso no quita el hecho de que ni hacen metal progresivo ni deberían haber actuado tras Steven Wilson.


CONCLUSIÓN

El Be Prog! My Friend ya parece consolidado. Si bien no hay cifras oficiales, a simple vista el viernes ya dio la sensación de que hubo la misma gente que los otros años, y el sábado que se superó.

En las dos anteriores ediciones, una vez pasados unos días, el responsable de FaceBook de Madness Live! Productions confesó el hecho de que habían perdido dinero. Imagino que debió ser por la mínima y eso les impulsó a intentarlo una segunda y una tercera vez. En esta ocasión diríase que hubo más público, pero también es cierto que hubo más bandas y un día más de alquiler del lugar, por lo cual los gastos se habrán incrementado, así que cabe la posibilidad de que hayan vuelto a tener más gastos que ingresos. Esperemos que no haya sido así.

Sobre asuntos de cartel y grupos participantes, como siempre, para gustos colores. Nunca va a existir el cartel perfecto, pero van por el buen camino. Sigo pensando lo que expresé en la crónica del primer día respecto a que fichar a Opeth y Steven Wilson fue tirar por la vía fácil, pero cuando hablamos de nombres grandes, a veces la vía fácil es la única vía posible. Y también es una manera de asegurarse el lleno, ya que es obvio que nadie trabaja por amor al arte.

En cualquier caso, también me reafirmo en que Textures no es una banda de metal progresivo y no debería haber sido incluida en el programa.

Y hablar de Textures, me lleva a otro tema, que es de la existencia de un grupo más después de un cabeza de cartel. De toda la vida, el cabeza de cartel ha sido el último grupo. Y ya no sé si es cosa de la edad de ciertos músicos o que ciertas bandas no quieren actuar muy tarde, que ahora nos encontramos o bien que el cabeza de cartel toque en la mitad del festival, o toquen los penúltimos. En el caso de tocar por la mitad, la existencia de bandas relevantes tras ellos asegura que la gente no se marche. El tocar los penúltimos asegura la desbandada masiva. Y el Be Prog! My Friend no se libra de esto. Les pasó a Pain of Salvation, les pasó a Robotporn y les ha pasado a Textures.

Lo que algunos consideraran como el regalo de poder escuchar a un nuevo grupo tras el cabeza de cartel, para mi es una falta de respeto por no tener a todo el público disponible. Aunque en la falta de respeto no sólo entra la organización, sino el mismo público que huye en desbandada pese a que toquen unos Pain of Salvation que no son una banda menor precisamente.

En cuanto a los cabezas de cartel, tampoco se entiende que Opeth y Steven Wilson tocaran el primer día. Esto crea una división entre los grupos “menos importantes” y los otros. Y cierto es que así se les consideraban, ya que iban a tocar en Apolo y no en el Poble Espanyol, pero si haces que la gente se movilice hasta allí, lo más normal habría sido colocar a Opeth un día y a Wilson el otro, ya que eso habría atraído a más público al primer día.

Otra posibilidad de orden habría sido que Anneke Van Giersbergen presents The Gentle Storm hubiesen cerrado el primer día, sobretodo por el nombre que ya tiene la holandesa entre el aficionado progresivo y rockero. Creo que habría sido mejor ser “el grupo más importante de los menos importantes” que el “grupo menos importante de los más importantes”.

Y si volvemos a las faltas de respeto, podríamos hablar lo mismo en referencia —y aquí pido perdón de nuevo por mi manera de expresarme— a algo QUE ME TOCA MUCHO LOS HUEVOS: que es que las puertas se abran media hora antes de que comience el primer grupo. Esto es una de las señas de identidad de todos los festivales españoles, y no lo entiendo. Por más velocidad y diligencia con que trabajen los chicos de la entrada (que lo hicieron muy rápido), no se puede revisar a 2.000 personas o más en media hora. Yo mismo me perdí las tres primeras canciones de Exxasens, habiendo hecho cola de una hora. El segundo día no me sucedió eso, pero a costa de estar más de tres horas antes.

No creo que mi opinión consiga que los festivales empiecen a operar de otro modo, pero el que paga la entrada está en su derecho de ver a todos los grupos y no escucharlos desde fuera. Y el primer grupo tiene el derecho de tener a la máxima audiencia posible enfrente suyo. Una vez comience a tocar, ya le tocará currarse su actuación para que la gente no se vaya a beber o a jugar al Pokemon Go, pero que se les dé la oportunidad de tener a cuanta más gente posible.

Como digo, no encuentro excusa a este asunto, máxime cuando resulta que la gente estaría más tiempo dentro del recinto y podría consumir más, por tanto, más dinero que se podría ingresar.

Y otro asunto especialmente molesto hace referencia a los horarios, otro clásico de los festivales. No es lógico ni normal comenzar a primera hora de la tarde y cocer a los músicos y asistentes. Desconozco si hay alguna normativa municipal que impida eventos de este tipo más allá de las tres de la madrugada, pero bien podrían comenzar los festivales a las siete u ocho de la tarde y finalizar sobre las seis de la mañana del día siguiente. Para el asistente no sería un inconveniente porque ya va mentalizado que buena parte del día y de la noche ha de dedicarlo a esta actividad; simplemente sería comenzar tres horas más tarde.

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En fin, pese a lo criticado en estas conclusiones, el Be Prog! My Friend es un evento al que hay que apoyar a muerte y que se está convirtiendo en un referente europeo, a tenor de la gran cantidad de extranjeros que asistieron al mismo. Nos está permitiendo disfrutar de grupos que de otra forma no podríamos ver y le está dando la debida importancia al rock progresivo, un género amplio y de límites difusos, pero que impulsa una creatividad que cada vez se está perdiendo más entre el maremágnum de propuestas clónicas mainstream.

Además, de siempre las autoridades han apoyado en Barcelona a ciertos festivales basados en el postureo y el gafapastismo, y para una vez que tenemos una propuesta de calidad, qué menos que le demos todo nuestro apoyo y buenos deseos.

Reseña realizada por Albert Sanz (https://guitarexperienceradioshow.com/).
Fotografías gentileza de Aránzazu Peyrotau.



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