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15 ABRIL 2016 - TEATRO CARIOLA (SANTIAGO, CHILE)

BARÓN ROJO EN CHILE

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En un tiempo estimado de 15 años, Barón Rojo ha surcado los cielos nacionales tres veces. Desde la primera visita allá a fines de 2001 en un evento de culto que incluyó a leyendas nacionales como Tumulto, Panzer y los argentinos Rata Blanca, hubo que esperar hasta 2012 para el retorno, esa vez en el Teatro Caupolicán ante un público escasísimo, sin superar el millar de personas, testigos privilegiados de un set compuesto de himnos de toda la vida y de un show en el cual el Rock n Roll, la música y la actitud bastaron por sí solos para reafirmar la categoría de referentes que posee desde hace tres décadas la banda liderada por los hermanos De Castro. Y quizás por la misma razón, si para los fans (o para la misma banda) la tercera visita podía significar una suerte de ‘revancha’, lo ocurrido la noche del viernes 15 de Abril en el Teatro Cariola fue una muestra contundente de que el Rock n’ Roll ganó por goleada. Nada de presiones innecesarias, las críticas técnicas y rebuscadas no tienen peso cuando la palabra Rock n’ Roll cobra vida y poder, luciendo una identidad que no conoce de modas y traspasa todas las épocas y generaciones. Abuelos, padres, adultos jóvenes, adolescentes, incluso niños. Todos fans por igual.


A eso de las 20 horas, con un recinto aún en su cuarto de capacidad, el combo nacional Sangre De Toro abre los fuegos de manera inmediata. Treinta minutos fue tiempo suficiente para que el power-trío liderado por el reputado Felipe Toro dictara cátedra de una propuesta en la que el Rock n’ Roll puede bastarse de una simpleza equivalente a una dosis de energía y actitud (clara influencia de Jimi Hendrix, Cream y, obviamente, Led Zeppelin), por supuesto interpretado de manera notable y potente. Gran mérito por parte de Andrés Silva (batería) y Johan Pasten (batería), quienes forman una sociedad rítmica aplastante, mientras Felipe Toro, cual Jimi Hendrix y/o Stevie Ray Vaughan le prende fuego a su guitarra a la vez que sus dotes vocales . Cortes como ‘Ruta Alternativa’, ‘Carnaval’, ‘Para Ganar Hay Que Perder’, ‘Corazón de Hierro’ y ‘Exodus’ (notable re-escritura del clásico de Bob Marley) se hicieron sentir de manera inmediata en los pocos asistentes que, a pesar de que lo importante era el plato de fondo, aprobaron merecidamente la performance de SDT (a pesar de que el sonido jugó en contra, incluso al punto de la saturación), una auténtica máquina de Rock sin colorante alguno. Cuestión de sangre y actitud.

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A las 20.30, y con un Cariola a mayor capacidad, es la hora de entrada de Kari Rueslatten, y la noruega nos encanto a todos con su carisma y sencillez, y demostró que solo basta su voz y un sonido de guitarra para llenar todo un teatro. Esta es la segunda vez que Kari se presenta en nuestro país, ya que el 2015 se presento junto a The Sirens, por lo que el público chileno estaba mas familiarizado con su nombre. En esta ocasión nos presenta su utimo disco de estudio, además de canciones de su extensa carrera solista y de su paso por The 3rd And The Mortal, y con cerca de una hora de show finaliza entre medio de grandes aplausos y con sencillas pero cariñosas palabras de despedida, agradeciendo una vez mas el gran público que somos los chilenos.

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Unos minutos después, pasadas las 21 horas, las luces de a poco se apagan, hasta que ocurre lo que los más de mil fans que repletaban el recinto ubicado en la calle San Diego esperaban hasta destar la euforia con los primeros acordes de ‘Barón Rojo’, el corte que no solo le da nombre a la banda sino que evoca la figura del legendario piloto alemán Manfred Von Richtofen (muerto en acción en 1918 durante la Primera Guerra Mundial). Más allá de la ejecución y puesta en escena por parte de los madrileños, el espectáculo tuvo como protagonista a los fans que no pararon nunca de cantar y saltar al compás de la música, mientras los De Castro, junto al retornado bajista José Luis Aragón (quien reemplazó en plena gira sudamericana a Oscar Cuenca) y el eximio baterista Rafa Díaz brindaban una contundente clase de actitud a pesar de que el sonido no era el óptimo. Pero eso da lo mismo cuando el fan de toda la vida se sabe cada letra y la entona con puño en alto como si esa canción fuera suya y de nadie más. Al menos esa impresión te queda en pasajes como ‘Larga Vida al Rock n’ Roll’ (corte que le da título al LP debut de 1981), una Declaración de Principios que se hace sentir no solo en las letras sino también en los pasajes instrumentes en los que la guitarra de Armando De Castro, con el permiso de su hermano Carlos, disparaba relámpagos en cada riff, cada fraseo, en esos solos electrizantes que hicieron de Barón Rojo un referente en España y todos los países latinoamericanos de habla hispana. Incluso en la juguetona y más blusera ‘Anda Suelto Satanás’, queda en evidencia la actitud desenfadada de un cuarteto que, más allá del Heavy Metal, define claramente el sentido del Rock n’ Roll como principio y fin de todo proceso humano.

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La velada continúa con el swing de ‘Noches de Rock n’ Roll’ y el peso machacante de ‘Las Flores del Mal’, con los más de mil devotos fans uniéndose en una sola voz. Es increíble cómo los fans entonan cada himno de una manera que llega a estremecer hasta al más escéptico. Para qué hablar de presencia de Armando De Castro, un tipo que te motiva a hacer ‘air guitar’ con esos movimientos que, a sus 65 años, denota una vitalidad que muchos jóvenes quisieran tener. Todo aquello mientras Carlos ejerce su labor como el ‘director’ de una orquesta que solo necesita de batería, bajo, dos guitarras y un par de gargantas con las que se pueda defender el Rock n’ Roll a muerte, más allá de la música. Momentos electrizantes como ‘Incomunicación’, ‘Hijos del Blues (Generación Perdida)’ y la inmortal ‘Satánico Plan (Volumen Brutal)’ dan cuenta de que estos dos hermanos, luego de tres décadas, siguen al frente defendiendo su discurso contra todo y contra todos. Por cierto, es imposible no volver a mencionar a Armando, cuya destreza con las seis cuerdas poco y nada tiene que envidiar a las leyendas del Blues-Rock como Hendrix, Peter Green, Clapton, Page, etc. Un verdadero ungido por los sonidos del alma.

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‘Hermano del Rock n’ Roll’ y ‘Cuerdas de Acero’ continúan el karaoke masivo levantando el puño y enarbolando camisetas cual hinchada de equipo de fútbol, mientras los hermanos De Castro hacen sentir su reputación como pareja de cuerdas fundamental para todo amante de la guitarra en el Rock más pesado, incluso a la altura de Smith/Murray, Tipton/Downing, Hoffmann/Frank y Shermann/Denner, probado exitosamente en el instrumental ‘Buenos Aires’, instrumental que refleja el buen gusto y la clase de los hermanos madrileños respecto a su dominio y creatividad en las seis cuerdas. Y ya que hablábamos de himnos de toda la vida, llega un momento que para el fan de Barón y del Rock como tal es una descripción fiel y profunda de por qué elegimos esto como estilo de vida y pensamiento. Hablamos de ‘Hijos de Caín’, una de esas canciones que, más allá de la referencia bíblica, explica el sentido del Rock como actitud rebelde contra lo correctamente establecido. Porque de eso se trata el Rock, más allá de los hilarantes y molestos clichés existentes para quienes nos ven desde afuera como sujetos raros y antisociales. Solo los ‘Hijos de Caín’ saben que el camino elegido tiene un destino pavimentado por nuestras acciones y decisiones a diario.

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El riff infeccioso y letal del mega-hit ‘Con Botas Sucias’ marca el paso de la emoción a la intensidad propia de una erupción volcánica. Es cuestión de cerrar los ojos y poner atención a las guitarras para darse cuenta de que la sangre de los hermanos De Castro, al impregnar cada cuerda, tiene el don de hacer escupir fuego con apenas un punteo, aunque es indudable que a Armando (pletórico su solo con el efecto ‘talk-box’ incluído) le gusta asumir el rol protagónico, por supuesto sin minimizar a Carlos, cuyo rol recuerda mucho a Malcom Young. Mención aparte para la sociedad rítmica compuesta por el sobrio pero siempre contundente Rafa Díaz y un José Luis Aragón cuya presencia no deja indiferente a nadie. Punto alto cuando se trata de combinar ejecución técnica con espectáculo sobre el escenario. Y precisamente, como remate para el set regular, llega todo el poder de ‘Los Rockeros Van al Infierno’, con el Cariola viniéndose completamente abajo. No es para menos cuando se trata del clásico por excelencia no solo de Barón Rojo sino de todo lo que es el Rock/Metal en idioma hispano. Entre medio, se intercalan extractos de ‘Los Desertores del Rock’, ‘El Presidente’ y ‘Casi Me Mato’ con clásicos del Rock de todos los tiempos como ‘Smoke On The Water’ y ‘Highway To Hell’. Momento único y sublime para todo aquel que se declare Rockero hasta la médula. Porque hablar es gratis pero sentir esa energía en vivo y en directo te pone los pelos de punta, incluso sin habla.

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Poco después de la ‘despedida’, la banda vuelve al escenario en medio de una ovación que sobrepasa lo conmovedor, empezando la recta final del show con ‘Invulnerable’, quizás un corte desconocido respecto al resto del set pero que mantiene la intensidad en un show en que encontrar altibajos se vuelve una misión imposible para quien sabe que esto va más allá del virtuosismo excesivo que tan frecuente se ha vuelto en los tiempos recientes. Tras cartón, el karaoke masivo resurge descomunalmente con ‘Concierto Para Ellos’, el homenaje por excelencia a los caídos del Rock. ‘Y en cada concierto de Rock n’ Roll las campanas doblan por Bon Scott!!”, ruge una multitud conformada por fans del Rock n´Roll en su vertiente más pura, sin pretensiones experimentales ni nada similar, porque lo que importa es el Rock, solamente el Rock y nada más que el Rock.

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La puñalada a la yugular de ‘Resistiré’ y la emoción hasta las lágrimas de ‘Siempre Estás Allí’ se vuelven un punto alto a destacar para quienes asumimos que, desde el día en que nos metimos en esto, había una razón de ser y, por lo tanto volver atrás es un pecado capital. Lo que genera Barón Rojo entre los fans y los no tanto traspasa todo tipo de barreras y eso, luego de más de treinta años en la carretera, es una clara señal de que, más allá de que lo mejor de ellos se encuentre en sus cuatro primeros discos, de alguna manera se las ingenió para llegar hacia las generaciones recientes, incluso las que se están iniciando ahora. Y cuando todos pensábamos que había llegado el final definitivo, un regalo de aquellos: ‘El Malo’, con el público prácticamente adueñándose del micrófono. Y como remate final definitivo, una aplastante (mucho más que en su versión original de estudio) ‘Son Como Hormigas’. Final glorioso para dos horas y media de Rock n’ Roll en su esencia más pura, sin necesidad de adoptar ningún tipo de tendencias que parecen regir la escena actual.

Puede que, para la estadística, se trate de la mejor presentación de los madrileños al menos comparado con la anterior de 2012, pero hay que mirar más allá: la sangre de Caín ardió como nunca en aquellos que siempre estuvieron, están y estarán allí cada vez que el Barón, triste y solitario, surca el cielo viviendo un sueño. Uno que, luego de más de treinta años, se mantiene firme ante el inevitable paso del tiempo gracias a los Hermanos del Rock n’ Roll. Los mismos que resistirán hasta el fin luego de elegir la perdición a la que temen tanto los que se dicen buenos, porque saben que al final tendrán la razón y ELLOS NO. Larga vida al Barón y al Rock n’ Roll!

Reseña realizada por Claudio Miranda.
Fotografias tomadas por Diego Alonso Pino.


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