jue. Nov 14th, 2019

Crónica AMFest 2019 en Barcelona, día 2: «Enjambre de sudor»

Crónica AMFest 2019 en Barcelona, día 2: «Enjambre de sudor»
Texto por: Jordi Campàs / Fotos: Jordi Bertrán Hermosilla

Touché Amore // PH: Jordi Bertran Hermosilla

Obviando a los grupos locales vespertinos, los instrumentales Lume, y las chicas del bosque Falç de Metzinera, llegó el momento de inaugurar el escenario 1 con Tides of Man, y una actuación más o menos predecible y anodina de los de Tampa, o según definió un colega, como más de los mismo. Desde Austin, Texas aterrizaban en el E2 los tremebundos Portrayal of Guilt, rompiendo con la pureza de estilos, ya que a los numerosas etiquetas que puedes encontrar en Wikipedia, el death metal es omnipresente en este trio procedente del hardcore tejano, e incorporando samplers en todas sus intros e interludios sampleados,  y algún tema de apenas un minuto de duración,  e interpretación rampante y diligente como  “Humanity Frail”, “The Nihilist” o “A Futile Light”. Unas originales bestias pardas estos texanos.
De nuevo al E1 donde los polacos Tides from Nebula, un trio instrumental, combinando sus instrumentos básicos con sintetizadores, todo ello con una preciosista puesta en escena con el nombre de la banda de fondo, y unas cortinas con tiras de bombillitas que lucen de forma intermitente tras de sí. Empezaron con “Ghost Horses” desde su nuevo trabajo, From Voodoo to Zen, en el que cimentaron su actuación, con luces blancas sobre fondo oscuro, los colores rojizos irán pasando en modo monocromático tema a tema, el rojo para “The Lifter”, o violeta en “The New Delta”, la electro “Dopamine” o la floydiana “We’re the Mirror”. Buena impresión, aunque algo dormidera esta musicalidad tan relajante, o de tan fácil escucha, o somnolencia incipiente. En la E2 otro trio en acción, los belgas Brutus comandados por la batería/cantante Stefanie Mannaert, una formación que cuentan con fans ilustres declarados como Greg Puciato, o el mismísimo Lars Ulrich. Una rápida prueba de sonido minutos antes de empezar con la explosiva “Fire”, y “Cemetery” de su último álbum, Nest, seguida por “Horde II” y “Drive” de su disco debut Burst. Y así transcurrió su directo, combinando piezas de estos dos discazos, con Stef golpeando con fiereza, al tiempo que intenta acomodarse en la posición adecuada para girando el cuello y cantar con pasión, en “War” llega a recordar a la desaparecida Dolores O’Riordan, y en otras vocear con rabia hasta llegar al final de sus 40 minutos con “Sugar Dragon”. En algunos momentos la voz quedo ahogada por el contundente sonido de la banda, la distancia con el micro, o la distorsión del bajo que en ocasiones sobrepasaba los limites. Prometen, y mucho la verdad.

En la E1 aparecen las estrellas de la noche para la mayoría, el sector más metalero presente, Deafheaven y su blackgaza/post black. Recibidos con puro fanatismo, los californianos no defraudaron, y dieron lo mejor de sí, como se suele decir, se dejaron la piel ante un millar de fans, y literalmente empaparon las camisas, y es que la temperatura en la sala era de alta graduación, y George Clarke ejerció de perfecto front man, arengando al personal desde la inicial “Black Brick”, un tema de rapidísimo  thrash, que fue editado en single vía internet este febrero, hasta llegar a la coreada “Dream House”. Clarke levanta el puño, se acerca lo máximo posible a las primeras filas, ruge y se desliza por el escenario como una pantera negra, sorteando los movimientos del resto de la banda liderada por el guitarra fundador, el barbudo Kerry McCoy. Los cuatro temas restantes en sus apenas 60 minutos de deflagración fueron la que abre New Bermuda (2015), “Brought to the Water”, la nominada a los Grammy “Honeycomb”, “Canary Yellow” con sus doce minutos de duración, y “Worthless Animal”, las tres extraídas de su magistral Ordinary Corrupt Human Love” (2018). Como detalle, antes de despedirse pidieron aplausos para sus colegas Portrayal of Guilt. Pues eso, irresistibles.

Una horita de descanso antes del abordaje de los también californianos Touché Amoré. Al igual que Deafheaven, los hardcoritos de Los Angeles cuentan con un front man de categoría, el straight edge Jeremy Bolm que a los pocos segundos de subir a escena se lanzaba sobre la muchedumbre. Interpretaron en su primera media hora casi todo su disco debut del 2009 Dead Horse, reeditado, y regrabado este 2019, empezando por “Honest Sleep”, la política “Cadence”, siguieron con “Throwing Copper”, “Swimming with Sharks”, y así, hasta llegar a “Adieux”. En el segundo tramo cabe destacar que presentaron un tema nuevo llamado “Deflector”, y lograron un agitado final con “Rapture”, “Skyscraper”, y “~”. Al terminar, un montón de fans andaban buscando sus pertenencias por los suelos, mientras un miembro de la banda mostraba las Vans de alguna cenicienta. Fue una auténtica fiesta de camisetas mojadas aquello. Estampida general, y quedamos unos doscientos para ver a los japoneses Bo Ningen, que al igual que Deafheaven pasaron por el Primavera Sound Festival de 2014. Los cuarenta minutos del cuarteto nipón ataviados con ropa oldfashion de segunda mano fue bastante confuso y disonante. Entre otras hicieron “Slider” de su tercer álbum,  y “Henkan” del  Line the Wall (2012), y un final apoteósico con un centenar de personas bailando y gozando extasiados, mientras que en la primera fila hubo que reforzar el vallado, y colocar a tres tipos de seguridad, hasta el momento en ninguno de los shows anteriores, o posteriores había sido necesario, pero es que uno de los asistentes iba algo desfasado, y se dedicaba a  arrastrar las vallas  adelante y atrás. Así que en este caso no podemos aplicar el cuento de que la música amansa a las fieras. Banzai ¡¡